El matemático y ex ingeniero Shane Carruth retoma la dirección audiovisual casi nueve años después de su aclamada ópera prima, Primer. Ejerciendo de nuevo también como guionista, compositor y director de fotografía, con Upstream Color vuelve a poner toda la carne en el asador: una original historia de ciencia ficción encarnada en una arriesgada pieza de cine experimental. Entre el rompecabezas y el juego filosófico, narra un relato de amor donde la identidad se convierte en una ilusión al servicio de un maquiavélico experimento bioquímico de procesos de transferencia. 

Técnicamente brillante y con un montaje tan confuso como expresivo, se trata de una obra inquietante y jeroglífica con influencia de David Lynch y, al mismo tiempo, un poema visual deudor de la narrativa y espiritualidad de Terrence Malick. Unos la aborrecerán, otros la amarán y habrá quien ni la entenderá. En cualquier caso, se trata de una obra hipnótica que no dejará indiferente al espectador. 

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