¿Dónde está la serpiente que besó a Cleopatra?, ¿los supervivientes de la batalla de Filipos, los melocotoneros de Cicerón y las voces que celebraron en su día las hazañas de Octavio? ¿Dónde están los brazos de las patricias acunando a los hijos de Roma?

Vencedores o esclavos, gladiadores, césares de laurel ensangrentado, ladrones del Aventino, todos son parte de la belleza obscena de lo pasajero. ¿Dónde están sus dioses y los sacerdotes que los pregonaban? ¿Dónde estaremos todos cuando el recuerdo de nuestros descendientes también se apague?

El eco de esas historias lo recoge de forma admirable esa tríada de talentos compuesta por Bruno Heller, John Milius y William J. MacDonald para la serie de la HBO, ROMA. En ella se reproduce con mucho estilo los afanes y las ambiciones de aquella lejana república de muertos, con sus propios interrogantes y vacíos existenciales. Es la historia haciéndose viva a través del milagro de la ficción. Esa es la única forma de rescate. Después de eso, Roma y nosotros mismos seremos parte de la misma inexistencia, como polvo de un camino que hemos fatigado demasiadas veces.

Ubi sunt qui ante nos fuerunt?

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