Los amores enfermizos de * Paduano

Paduano es uno de esos raros artistas en constante expansión que si hoy por hoy no reciben el suficiente apoyo de una industria casposa y deficiente, encuentran su propio espacio en los brazos abiertos de los heterogéneos, los defensores de la vanguardia, los amantes del buen gusto y las historias alternativas para con el cine, aquellos que de una u otra manera nos salvarán de un inminente estancamiento artístico.

Por Pablo Cristóbal y Miguel Cristóbal Olmedo

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Se establecen medidas de seguridad para un individuo confortable y apático, en busca de una existencia vaga, en su hogar aburrido, rey y señor del castillo donde no hay lugar para la búsqueda de la molestia y la inquietud. El breve recorrido cinematográfico de Paduano lanza un poco de luz, verdad y arte en lo que viene a ser un panorama tan desalentador como el cine español en la última década. La extravagancia y el absurdo son las armas acostumbradas por el autor de esta serie de breves relatos audiovisuales, que también pueden ser entendidos como poemas. Una personalidad más cercana al romanticismo de Goethe que a la frialdad del disfrazado realismo actual. Por todo ello y más, merece la pena conceder un pequeño espacio a este digno narrador aparentemente irracional de mundos y amores tan nobles como obsesivos. Que nadie se llame a engaño: el amor es una enfermedad; Paduano quizá no nos muestre la cura pero es capaz de diagnosticarla y mostrarnos sin ensañamiento sus efectos secundarios. No se alarmen entonces por lo que puedan encontrar a partir de ahora. Todos somos raros y fingimos. Paduano lo sabe. Ha volado los puentes de nuestra avergonzada intimidad para mostrarnos lo grotescos, extraños y magníficos que podemos ser.

La primera epístola de Paduano: Háblame de pordenone, comienza con la aparición de un acartonado personaje que a modo de enciclopedia nos describe la vida sexual de la libélula. Se trata de una introducción que da paso a la relación entre una mujer vestida de hombre y un hombre vestido de chica en un último adiós cargado de mentiras.

La carencia casi total de diálogos, los ralentís, los besos con lengua y la inicial incomprensión del relato no deja de atraparnos en un mundo Coffee and cigarrettes. El misterioso hombre enciclopedia será quien termine de dar un sentido completo a la historia:

“…Nunca he visto una estrella fugaz pero recuerdo todas las veces que me he topado con una libélula, las recuerdo perfectamente a todas y a cada una de ellas y por siempre las recordaré…”

La idea del frío docente convertido en un nostálgico evocador es uno de los grandes aciertos de esta muestra, a los que se suman los golpes de humor transgresores dentro del marco de una historia pretendidamente desdichada.

El travestismo, el blanco y negro, el café, los cigarrillos, los planos de perfil, la cámara lenta y la prevalencia de la música volverán a ser retomados en Narcophilia, como parte de su marca de autor. Supone un desarrollo más personal del director sobre la idea de su anterior trabajo. Esta vez, con una estética más elaborada y con unos personajes que comunican el deseo, la seducción, el desprecio amoroso (para ello nada mejor que un buen escupitajo en la boca) a través de gestos y miradas.

Este es, sin duda, un drama disfrazado de rictus jocoso. Porque una vez más, como en un cuento de Bukowski, lo ridículo y lo trágico comparten el mismo escenario, y en el mundo de Paduano ambos extremos están imbricados, asociados uno con otro, sin que sus personajes aprecien la extrañeza de tales encuentros.

En el video musical de El rey Tuqueque, Pienso en ella termina de reincidir en la estética expresionista del cine de los años 50 para mostrarnos a un cantante aparentemente egocéntrico y adulador ante una cámara que progresivamente –en travelling out y 60 fps-nos descubrirá toda la vulnerabilidad y extravagancia que siente el personaje estando enamorado de una mujer que muy posiblemente no le corresponde (sombrero, smoking, pajarita, cigarrillo en mano, una imagen de elegancia) cuando súbitamente mientras el cuadro se va abriendo, descubrimos que el personaje no lleva los pantalones puestos.

Sus calzoncillos largos son un elemento perturbador que rompe con las expectativas que sentaba al comienzo. El glamour se convierte en burla y la soledad del cantante es acentuada con la aparición de un camarero de gesto solemne, también este en calzoncillos, que sirve una bebida y acude rápidamente hacia otra mesa. Porque todos somos vulnerables y ridículos, todos tenemos un talón de Aquiles que tarde o temprano se pone a sangrar, y esa impostura de la que nos vamos recubriendo, no sirve para esconderla del todo. Los puntos de giro finales caracterizan todas las obras de Paduano así como el redescubrimiento de canciones nada convencionales, inclasificables, muchas de ellas semi perdidas con el curso del tiempo.

En Las desventuras del doctor Delia, Jueves, segundo episodio del extravagante terapeuta interpretado por Fernando Amado, actor fetiche de Paduano junto a su musa Lena Bayón, nos relatará la historia de un tipo obsesionado con la idea de comerse unas bragas. Las pausas y los silencios incómodos darán paso a los magistrales golpes de humor y las composiciones volverán a ser las propias de un director polifacético que literalmente dibuja y crea sus propios mundos más allá de una visión puramente formal.

La atmósfera de lo absurdo rige cada mirada melancólica y cada sonrisa de aparente entendimiento; el romance fallido es nuevamente parte de esta trama de deseos imposibles; la música alcanza su máximo esplendor en la apoteósica secuencia del festín, inolvidable por la sinergia entre imagen, canción y montaje. Jamás nos emocionó tanto ver a un hombre comiéndose unas bragas porque lo que realmente ha logrado conmovernos es la asistencia al encuentro largamente esperado entre un hombre y su deseo, un niño y su quimera, por muy estrafalaria que esta pueda ser. Tanto es así que el doctor Delia en un arrebato de celos intentará imitar los pasos de su paciente en lo que llega a suponer un camino impensable hacia la felicidad.

El hombre que sabía escuchar a las mujeres supone una historia al servicio de la narrativa y un ejercicio de estilo mucho más comercial, no es de extrañar por ello que el guión sea de encargo. Esta epístola del autor “peca” de una excesiva comicidad cayendo así en un esperpento más propio de la comedia nacional que del mundo underground del cineasta auteur pero aún así nos topamos con pequeñas señas de identidad que nos hacen disfrutar de un cortometraje destacable: Dos personajes anónimos, el de ella susurrando en los oídos de él una hermosa declaración de amor que subraya propinándole un lascivo lametazo en la oreja; contemplamos largo y tendido a un rebaño de ovejas mientras los rótulos de composiciones reconocibles (propias de toda la obra de Paduano) hacen acto de presencia; se nos presenta a una protagonista que sufre de misantropía y tiene como hobby la taxidermia, dos distintivos de la personalidad retraída de Norman Bates.

La trama principal se centra en el idilio entre esta y el cadáver de un fontanero. Los mejores golpes de humor se recrean en los silencios del difunto fontanero, convertido en animal disecado. No deja este corto de recordarnos lejanamente a la película de Ted Kotcheff, Este muerto está muy vivo, 1989 o Lars y una chica de verdad, 2007 de Craig Gillespie.

La fotografía, esta vez a cargo de la prometedora Valentina Martinico vuelve a estar muy elaborada oscilando mayormente entre un sepia y un dorado que recuerda a los años ochenta.

Maquillaje de cobalt , un cortometraje con la elegancia extrema de un anuncio de cosméticos en el que se nos hace muestra de la efectividad llevada a cabo por un buen maquillaje aplicado en 10 pasos. Asistimos al desatinado intento de una mujer (en un espacio neutro) de ocultar sus heridas internas, heridas que podemos intuir causadas por el desamor, la traición, la desilusión, sin necesidad de que nos las expliquen. Una buena apariencia física debe prevalecer.

Una vez más Paduano recurre a un lenguaje enciclopédico para distanciarse de la auténtica tragedia, una historia que se intenta mantener oculta como las arrugas tras el escudo del maquillaje. Cortometraje sarcástico donde los haya, espejo de conciencia colectiva que acuchilla a una sociedad frívola, basada en las apariencias y el rechazo al sufrimiento, características humanas que de una u otra forma nos avergüenzan. Narración que ironiza sobre la publicidad y su búsqueda imposible del éxito. La cámara de Paduano es un ojo atento: nos muestra primero las apariencias para después, en su acostumbrado ritmo pausado, desvelarnos las claves ocultas de esa fachada. El maquillaje de Cobalt no puede salvar a la mujer de sí misma y por eso al final asistimos a un rostro destruido no sólo por la tristeza sino a causa de todas las cremas y pinturas que las lágrimas han arrastrado a su paso. El hombre moderno aspira a ser un trasunto de maniquí parlante, imitaciones de David Beckham y otros héroes efímeros al servicio del dinero y el glamour.

El espejo esta vez, no sumerjirá al espectador en conflictos de personalidades escindidas, sino que subrayará la irracionalidad y el patetismo de la mujer solitaria. La fotografía, como en tantos otros proyectos, correrá a cargo del mismo Paduano, que celoso de su idea, pretende controlar casi todos los procesos de la creación auque, en este caso firmará el guión Ronny A. J. Ruiz.

Por último nos quedan dos cortometrajes realizados en película super 8 mm, ambos sin más sonido que el de la banda sonora, porque las palabras mienten o construyen territorios de distancia, viene a decirnos su director, las palabras complican, enturbian, aburren, y sobran cuando se sabe escoger las imágenes. Las buenas melodías musicales construyen otra nueva dimensión atmosférica que superpone sentimientos contradictorios abiertos siempre a diversas interpretaciones. El artista (que no artesano) lo sabe y domina y hace de ello una argamasa que ayuda a sostener su cuento. El sonido afrancesado es aquí uno de sus máximos exponentes.

Los abuelos no aman para siempre, una pequeña historia tan melancólica como desalentadora donde Paduano se permite arruinar toda esperanza de un amor imperecedero.

Les feuilles mortes, su pintura más siniestra es una inquietante tragedia sobre el amor truncado entre un secuestrador y su víctima, o la de un hombre y su fantasía escabrosa, ambos personajes resultan malditos, todos pierden y tratan de esconder lo que sienten.

Pero Paduano es más que cine.

Despedida

No nos extenderemos demasiado comentando la producción meramente ilustrada que abarca desde cuentos ilustrados para adultos, pasando por el comic, el collage, la iconografía y otras experimentaciones visuales que acaban dándose la mano con la animación, nuestra última epístola para con este autor en ciernes, Chiste; la recreación de un chiste convencional a través del clautrofóbico espejo de Paduano, mano infante y experta que dibuja a través del bolígrafo y rotulador, un viaje al más puro estilo LSD de un Yellow Submarine sin final feliz. tampoco nos pararemos a mencionar la incuestionable calidad de su trabajo fotográfico fuera de plató o sus talentos interpretativos.

Paduano es uno de esos raros artistas en constante expansión que si hoy por hoy no reciben el suficiente apoyo de una industria casposa y deficiente, encuentran su propio espacio en los brazos abiertos de los heterogéneos, los defensores de la vanguardia, los amantes del buen gusto y las historias alternativas para con el cine, aquellos que de una u otra manera nos salvarán de un inminente estancamiento artístico.

Ya lo dice la canción de Kevin Johansen, El incomprendido, mientras el paciente del doctor Delia saborea las bragas mitificadas de su amante.

Él es… el incomprendido, es lo que le ha sucedido

Y aunque haya padecido, es lo que ha elegido

Riega con sus escritos boliches y garitos

Y alguien lo ha convencido que es un poeta maldito

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De bar en bar, café en café

Cree que lo observan

Nadie lo ve…

Cree que por ser bohemio, le van a dar un premio

Pero se ha vuelto abstemio y el mozo frunce el ceño

Cansado de ser pobre y de tantos engaños

Su madre no le da un cobre a sus 40 años

Podría ser vos, podría ser yo

Incomprendidos somos todos

Podría ser él o aquellos dos

Incomprendidos somos todos…

Alcalá de Henares, 20 de mayo de 2011

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