Las leyes del montaje Sergei M. Eisenstein

sumándose en nuestra percepción, esas doce campanadas producen conjuntamente la sensación integral de medianoche

l buen mozo: La escena en la que George Durois, que ya escribe su nombre “Du Rois” espera en el coche de alquiler a Suzanne, que había convenido con él en fugarse a las doce de la noche.

Las doce de la noche: aquí la hora poco tiene que ver con el momento astronómico y muchísimo, en cambio, con el momento en que todo (o casi todo) es arriesgado en una sola carta: “Se acabó. Todo está perdido. No vendrá”.

He aquí como Maupassant hace entrar en la conciencia y en la sensibilidad del lector la imagen de aquel momento, su significación, a diferencia de la simple descripción de la correspondiente hora de la noche:

“…salió de su casa alrededor de las once, deambuló un rato, tomó un coche y se detuvo en la plaza de la Concordia, junto al Arco del Ministerio de Marina.

“De tanto en tanto encendía un fósforo y miraba el reloj. Cerca de las doce se apoderó de él una agitación febril. A cada momento sacaba la cabeza por la ventanilla del carruaje para ver si ella venía.

“En algún punto lejano dieron las doce, luego en otro reloj, algo más cerca, luego en algún otro lugar dos relojes al mismo tiempo, y al fin, de nuevo muy lejos. Cuando se apagó el eco de la última campanada, pensó: “Se acabó. Todo está perdido. No vendrá”.

“Sin embargo, resolvió esperar hasta la madrugada. En tales casos es necesario tener paciencia.

“No tardó en oír que daban las doce y cuarto, luego las doce y media, luego la una menos cuarto, y, finalmente todos los relojes comenzaron a repetir uno tras otro la una, como antes habían dado las doce…”

Vemos en este ejemplo que cuando Maupassant quiso llevar a la conciencia y a la sensibilidad del lector la emoción de la medianoche, no se limitó simplemente a referir que habían dado las doce y después la una. Nos hizo vivir esa sensación de la medianoche haciendo dar las doce en diversos puntos, distintos relojes. Sumándose en nuestra percepción, esas doce campanadas producen conjuntamente la sensación integral de medianoche. Las representaciones aisladas forman la imagen. La realización es rigurosamente de montaje. […]

Si Maupassant sólo hubiera querido poner en conocimiento del lector que eran las doce de la noche, no hubiera echado mano de una descripción tan minuciosa. Asimismo la solución pictórica de montaje por él escogida nunca hubiera logrado con recursos tan simples un efecto emotivo tan notable.

Hablando de relojes y de horas acude inevitablemente a mi memoria un ejemplo de mi propia experiencia. Durante las tomas de Octubre (1927), encontramos en el palacio de invierno un curioso reloj antiguo: además de su esfera principal, lo adornaba una guirnalda de esferas pequeñas. En cada una de éstas figuraba el nombre de una ciudad: París, Londres, Nueva York, etc. Cada una de ellas indicaba la hora correspondiente y su diferencia con la hora de Moscú y San Petersburgo; no recuerdo cual era la que señalaba la esfera principal. El reloj se me quedo grabado en la mente. Y cuando quise subrayar una escena el momento histórico del triunfo y la implantación del régimen soviético ese reloj me sugirió una original solución de montaje: el momento de la caída del gobierno provisional, marcado según la hora de Petrogrado, lo sabíamos a través de toda una serie de esferas en la que el mismo momento se leía según la hora de Londres, de París, de Nueva York, etc. De esta manera aquella hora, única en la historia y destino de los pueblos, reapareció a través de multiformes lecturas particulares d el ahora como unificando y reuniendo a todos los pueblos en la contemplación de ese instante que maracaba el triunfo de la clase trabajadora. Esta idea fue más acentuada aún por el movimiento circular de la guirnalda de esferas, movimiento que, creciendo y acelerándose, fundía a si mismo plásticamente las diversas indicaciones particulares del tiempo en la percepción de esa única hora histórica…”

Las leyes del montaje Sergio M. Eisenstein, Argumento y Montaje bases de un film por Vsévolod Pudovkin 1956

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