Hotel Insomnia | Guía de lugares donde es imposible el sueño

Guía de lugares donde es imposible el sueño

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La puerta cerrada y la ventana abierta.
Charles Simic

Por Hilario J. Rodríguez

Edición por Alicia Victoria Palacios Thomas

Letras-mayusculas-Durante un tiempo, que ahora me parece ya muy lejano, me dediqué a escribir críticas de cine, a programar ciclos y coordinar libros para festivales de cine, a conferenciar sobre cine y –en definitiva− a hacer esas cosas que uno hace en la periferia de la alfombra roja. Pensaba entonces que vivir en los márgenes no estaba tan mal, teniendo en cuenta que tampoco estaba tan lejos del centro. Gracias a aquella experiencia, me divertí y hasta me gané la vida haciendo una de las cosas que más me gusta: ver películas. Por supuesto, algunas no eran demasiado buenas, otras realmente malas, pero unas cuantas eran sensacionales. No siempre podía elegir y no siempre podía expresar con libertad si me gustaban o no, unas veces por respeto debido a los amigos (es lo malo de tener amigos cineastas, a quienes tienes que querer aunque opongan resistencia) y otras por simple responsabilidad laboral (porque la empresas para las que trabajaba habían conseguido anuncios publicitarios que me impedían morder la mano de quienes nos daban de comer).

Todo aquello era cómico y sublime al mismo tiempo, y tuvo su gracia y también sus desatinos, y ha quedado atrás aunque yo no me haya movido en absoluto. De hecho, desde mi adiós a mis actividades periféricas no me he trasladado a ningún otro sitio, lo único que ha sucedido es que dejé de tener la perspectiva que antes tenía del centro. Sólo eso. Sigo viendo películas, lo que no hago es merodear la alfombra roja. Eso me evita engorros como mantener amistades a cualquier costa o reírle las gracias al amo cuya comida has de devorar te guste o no. Fue más o menos por entonces, al quedarme en la periferia pero sin acceso al centro, cuando decidí abrir una cuenta en Facebook para habilitar un muro, ignorante de dónde me metía y de cuáles iban a ser mis derroteros por allí. Pongamos que hablo de septiembre de 2011. Y pongamos que la vida había dado un par de vueltas, no necesariamente en la dirección adecuada, y que yo seguía en la periferia y que Facebook me pareció y me sigue pareciendo el mundo de las periferias por antonomasia, donde uno se extravía únicamente si intenta acceder desde él al centro. Hay millones de personas pululando por él, en muchas lenguas. Era fascinante, sigue siéndolo. Una persona desayuna una tostada con café con leche y te lo cuenta, otra acaba de leer el periódico y lo recita con la entonación de un poema homérico, la mayoría pretende disfrutar de una vida culta y fascinante, el 99% no tiene una vida real y va en su busca a base de scrollings. Sobre esto se podría escribir un libro entre cuyas líneas, de manera tímida y asomadiza, está inscrita una parte de mi existencia virtual, que desde su inicio consistió en hablarme a mí mismo. Hablarme a mí mismo sin alzar la voz, sin pretender imponer a nadie verdades absolutas, sin clamar en el desierto, sin convertirme en astrólogo o nigromante, y sin otro propósito que pasármelo bien. HOTEL INSOMNIA nació como una alternativa a la vida que había llevado con anterioridad, residiendo en la periferia pero merodeando el centro. También como consecuencia lógica de una experiencia vital. Me dije que quizás podía encontrar espectadores para una filmoteca virtual, libre de impuestos y amparada en la piratería como forma de democratización. Sólo porque intento ser ordenado en la realidad, intenté serlo asimismo en Facebook, colgando mis post a la misma hora, los mismos días (en principio de domingo a viernes, y ahora de lunes a jueves), salvo cuando estoy de vacaciones porque las vacaciones las dedico a otras actividades sin relación con el paisaje de los días laborables. El nombre de mi filmoteca virtual se lo robé a un poeta estadounidense de origen serbio, Charles Simic, y hace referencia a ese lugar donde hay quienes, al margen de la vida, tienen otra vida. Un nombre periférico para espectadores periféricos, recién llegados de los centros a donde van a librar sus batallas diarias. Un espacio sólo con horario de apertura, a las 22:00. Cierras la puerta de tu casa al acabar tu jornada y abres una ventana al mundo a través de internet. Comencé las programaciones nocturnas de HOTEL INSOMNIA con un rasgo distinto, ofreciendo ciertos datos que mucha gente obvia en las redes sociales, poseída por la rapidez. Título original, año de producción, director, duración…, esas cosas. Las películas que propongo suelen ser breves porque entiendo que a Facebook no se viene a detenerse demasiado en busca de un solo post sino a deambular de uno a otro, en una deriva de ecos benjaminianos. Now (1965), de Santiago Álvarez, fue la primera, y después desplegué durante la primera temporada algo así como un canon personal en contra del canon, con la obra de cineastas castigados a ser simples notas a pie de página en las historias oficiales, cuestionando los cánones por su excesivo centralismo y cartografiando periferias.

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Now (1965, Santiago Álvarez)

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Robert Hughes

Cuando el gran crítico de arte Robert Hughes dibujaba el paisaje cultural de Australia al comienzo de su carrera como escritor, allá por los sesenta, insistía en las dificultades de sus compatriotas para encontrar picassos o kandinskys en las hemerotecas de su país. Casi todo se conocía de manera indirecta, a través de catálogos, diapositivas y postales. Lo que había allí −los cuadros colgados en las salas de los museos− era demasiado provinciano y disminuido, carente del riesgo de las vanguardias. Pero al cabo del tiempo Hughes tuvo que aceptar ese estado de las cosas, como diría Wim Wenders, y entender que, en efecto, quizás el arte australiano no fuese más que una nota a pie de página a la historia del arte universal, algo que, aun sin poseer los atributos necesarios para amplificar los discursos estéticos más importantes, inscritos en su centro, al menos podía ensanchar sus periferias. Eso mismo, a una escala más modesta, me propuse yo cuando colgué posts con títulos de Alan Clarke, Guy Maddin, Ousmane Sembené, Charles Burnett, Miguel Gomes, Robert Florey, Dimitri Kirsanoff, José Val del Omar, Jan Svankmajer, los hermanos Quay, Louis Feuillade, Bill Douglas, Laurence Jordan, Artavazd Pelechian, Joseph Cornell… O cuando en la gigantesca obra de Yasujiro Ozu, Alain Resnais, Carl Theodor Dreyer, Michelangelo Antonioni, Orson Welles, Jacques Tourneur, Max Ophüls, Jean-Luc Godard, Jacques Tati, Charles Chaplin, Manoel de Oliveira, Gus Van Sant, Víctor Erice, Aleksandr Sokurov & Co, detuve mi atención en sus miniaturas antes que en sus trabajos a gran escala. Me sorprendió que desde la primera noche hubiese invitados que se sumasen a la fiesta, porque en aquel momento creo que mis amistades en Facebook no llegaban ni siquiera a cien. Tres cliqueos me parecieron entonces una cola interminable de espectadores, que milagrosamente fueron creciendo en unas pocas semanas y que a buen seguro me animaron a seguir con lo que quizás no habría pasado de ser un ensayo sin demasiada continuidad de no haber obtenido respuesta. Los comentarios, el ánimo y la buena acogida en general, lejos de relajarme y de hacerme pensar que estaba ganando bonos del tesoro a medida que recibía propuestas de amistad y nuevos cliqueos, aumentaron mis responsabilidades. Eso me empujó a ensayar posibilidades. Así, HOTEL INSOMNIA comenzó a introducir comentarios, complementos a cada propuesta, invitaciones para que otras personas escribieran presentaciones para las películas, incluso simulaciones de coloquios en los que un cineasta (se me ocurre ahora Samuel Alarcón, sin ir más lejos) respondiese a las preguntas de los espectadores a una hora pactada con anterioridad. Quise utilizar la creatividad para recompensar la constancia y la generosidad ajenas. No he podido mantener siempre el ritmo aunque me gusta el rock & roll, porque Facebook no es mi mundo, sólo un barrio, y porque a menudo me tomo largos periodos de vacaciones, en cuanto llegan las navidades, la Semana Santa o el verano. No me extraña, por lo tanto, que HOTEL INSOMNIA haya perdido seguidores por un lado y los haya ganado por otro, en sus constantes aperturas y cierres, también en sus constantes reformulaciones para no dar la sensación de que posteo con piloto automático o con desinterés o con una falta absoluta de respeto, programando indiscriminadamente y sin tener en cuenta a nadie más que a mí mismo. Al aumentar el número de espectadores y a medida que han ido pasando las temporadas, los ases en mi manga fueron desapareciendo y me lo he tenido que tomar bastante en serio para buscar nuevas propuestas, que incluyen ciclos de carácter temático, retrospectivas dedicadas a cineastas o cinematografías, y una sección regular dedicada al cine de animación que coordina mi amigo mexicano José Luis Márquez todos los miércoles, titulada ESPLENDORES ANIMADOS. Buena parte del verano de 2013 me lo pasé preparando las sesiones de HOTEL INSOMNIA para las tres o cuatro próximas temporadas, porque descubrí muy pronto que improvisar no era tan sencillo. Ahora vivo un poco de las rentas, aunque a menudo sigo descubriendo e incorporando cosas, casi sin darme cuenta, gracias a la inercia de esta pequeña actividad. No he atendido demasiado a algunos comentarios para entrar en polémica, entre otras cosas por el escaso respeto que hay en las redes sociales y por el dogmatismo de quienes ante todo apelan a la política del gusto, agotando el diálogo en torno a una película con un simple ME GUSTA o NO ME GUSTA, sin que sea posible hablar de otras cuestiones. Pero en general la gente se ha acostumbrado a mis silencios y si tiene que discutir discute entre ella, con total libertad por mi parte. Mi forma de hablar sobre política o de situarme ante una realidad desventajosa en las redes sociales no pasa por comentar la noticia del día, criticar al político de turno, ni conmemorar onomásticas o aniversarios; odio la sumisión al presente, porque no me parece más que un centro de gravedad inconstante y yo vivo en una periferia permanente que no cesa de expandirse. Las películas que propongo son, a mi manera, el comentario debido y que cada cual lo entienda a su modo.

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El poeta Charles Simic con 17 años junto a algunos de sus cuadros.

Join the discussion Un comentario

  • Astarté dice:

    Muy interesante esta reflexión en torno a los espacios periféricos en los que deambulamos, a veces con plena conciencia y con la esperanza de llenar nuestros espacios interiores; otras, en forma inconsciente, lo cual nos adentra en la categoría de espectros. La vida virtual, arma de Matrix, nos hace cumplir y realizar el sueño del rebaño universal. No obstante, llegamos hasta a creer, falsamente, que “no somos nada” sin facebook y sin la red en general. Al parecer (digo esto con ironía, por supuesto), nuestros abuelos “no fueron nada” y nosotros somos, por tanto, “un engendro de la nada”.

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