Un futuro muy próximo en el que nuestra forma de vida está monopolizada por la tecnología. Un mundo en el que la alienación y el distanciamiento entre los seres humanos es cada vez mayor. Una sociedad en la que la capacidad sensorial del ser humano se adapta a la evolución de su entorno. Humanos que en ocasiones se comportan como fríos robots, e inteligencias artificiales que parecen humanos. 

En este contexto, Her relata la historia de amor entre un hombre solitario y una inteligencia artificial, concretamente un sistema operativo capaz de evolucionar y aprender a una velocidad incomprensible para nuestro intelecto. Este argumento, que en su origen parece una broma metafísica (lejos del chiste de Air doll o Lars y una chica de verdad), resulta una historia de amor tan emotiva como convincente. Con una estructura romántica clásica, la nueva película de Spike Jonze explora el amor y la sexualidad como algo que trasciende a la experiencia física, como algo afín a los recuerdos, a las sensaciones y a los sentimientos que produce nuestra mente. Tan dolorosa como lúcida es esta propuesta que aborda con sencillez algunos de los nuevos conflictos metafísicos de la sociedad contemporánea. 

“A veces pienso que he sentido todo lo que voy a sentir”.

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