Entrevista a Pascual Condito ● Productor y Actor

EL SEÑOR DE LAS SALAS:

“TODO PUEDE SER LLEVADO AL CINE”

Desgraciadamente, la productora Primer Plano, icono del cine argentino, se retira del negocio local tras haber distribuido más de 500 películas nacionales durante los veinte años de su existencia. Hemos tenido la oportunidad de entrevistar a su fundador, Pascual Condito, que nos ha hablado sobre cine, el mundo de la producción audiovisual, el futuro del sistema tecnológico… Toda una serie de cuestiones en boca de alguien que recorrió y vivió gran parte de su historia junto al cine.

Por Felipe Vicente

Edición gráfica por Pablo Cristóbal

Un hombre, una historia. Miles de relatos que se podrían contar en cientos de películas. Una vida única e irrepetible, como todas, pero una que sin duda se ha entregado al cine. Una persona que llegó desde Europa con un objetivo que descubriría ya con ocho años de edad, alguien que con la fuerza del trabajo heredada de los italianos y con algo de la sana picardía de los argentinos logró fundar la primera productora y distribuidora nacional de películas, tanto locales como internacionales. Pero a partir de junio dejará de distribuir films argentinos, motivo atribuido a la continua y eterna batalla contra las Majors -los seis estudios de cine norteamericanos que dominan la industria cinematográfica global- y a las ganas de cumplir el sentido de una ecuación que lleva tatuada en uno de sus brazos: “Hijos + Cine = Mi vida”. Pero que a pesar de ello, está convencido que “hay que mirar hacia delante, no se le puede echar la culpa siempre a los de afuera, hay que saber tomar lo positivo de este sistema de distribución para poder reinventarse, como la vida, que siempre avanza”. Así se toma las cosas Pascual Condito, productor y creador de Primer Plano, histórica y tradicional productora de Argentina, generadora de títulos como Esperando la carroza, No sos vos soy yo, Historias mínimas, Todos los perros van al cielo o El sabor de la cereza, y causa existencial de una figura que con sesenta y tres años ha decidido dejar a su amante, su pasión, para dedicarse a su familia y dejar paso a los futuros señores de la comercialización cinematográfica, que tendrán mucho por aprender de él.

Como afirma Halperin, “la entrevista es la más pública de las conversaciones privadas”. Y es que este fue el mejor ejemplo de aquella definición; una charla de una hora de duración teniendo como marco al grabador digital, el cual, con su amenaza de dar muerte a las pilas, fue quién exigió que finalizáramos el dialogo, un encuentro telefónico que ni Pascual Condito ni yo queríamos dar por terminado.

¿Cuándo llegó a Argentina?

Llegué junto a mi padre a los cinco años, en 1953, gracias al plan de Eva Perón, que facilitaba la llegada de los inmigrantes con familia. Luego, mi padre hizo el reclamo y así consiguió que vinieran mi madre y mi hermana. Tiempo después, a pesar de ser humildes, pudimos construir una casa.

Desde temprano, usted ya aprendió el oficio de la distribución, que luego se convertiría en su trabajo.

Claro, la segunda película que compré fue La piel de Satanás, una cinta alemana que no le había ido nada bien, y por ello nadie quería volver a exhibirla. Pero después de tanto insistir, logré que la proyectaran: terminó estando ocho semanas en la cartelera de aquel cine de la calle Lavalle; en ese momento me di cuenta de dónde estaba el negocio y cómo manejarlo. Eso me sirvió para dar comienzo a mi primera productora, Italsur, aunque, después de ello, me tuve que retirar por un tiempo, ya que las salas empezaron a ser reformadas.

El sabor de la cerezas
¿Cómo dio origen a Primer Plano?
Después de haber tenido algunas experiencias en TV y cable, volví en 1996 con películas de autor, de las cuales no conocía demasiadas. Ese fue el momento que me permitió crear la productora, al comprar una gran cantidad de títulos internacionales, como El secreto de las lágrimas, Tocando el silencio y la iraní El sabor de la cereza.

 

La forma en la que fue gestionando la productora a partir de 2001 me hace recordar la industria americana entre los años treinta y cincuenta, momentos de profundos cambios en el cine, los cuales supieron aprovechar con la invención del sonoro (en el caso de la crisis del treinta) y la pantalla a color (para competir con la televisión en la década de los cincuenta)…

Claro, en ese momento comencé a pensar que no podía seguir comprando películas extranjeras. En aquella época ya había importantes empresas y artistas de cine argentino, por ejemplo, la productora Arias, que trabajó con Leonardo Favio, Leopoldo Torres Nilson -productores y directores cinematográficos- y General Belgrano. A partir de una proyección en el festival de San Sebastián de una película de Carlos Sorín, titulada Historias mínimas, me di cuenta que era mejor ofertar en lugar de comprar, es decir, producir bajo los conceptos de vender, consultar, cobrar y pagar. Así fue como también se me acercaron muchos realizadores para que estrenara sus películas y para comercializarlas no solamente aquí, sino también en el extranjero. Me aboqué mucho a los jóvenes productores, en el caso de Diana Frey distribuimos Esperando la carroza, pero tampoco me puedo olvidar de Lita Stantic, Eliseo Subiela y Pino Solanas, de los cuales muchos de sus films no eran bien explotados, y, por ello, llevé sus títulos a diversos festivales.

Recuerdo que por esos tiempos llevábamos 300 kilos de VHS entre ropa y valijas. Un día, un hombre ofreció pagarme diez películas de arte al contado; hicimos la cuenta y nos daba 30 mil dólares, pero yo me asusté tanto que no le vendí nada. Más tarde consulté el precio con un amigo y me hizo saber que ese era el valor al que se adquirían los rollos… Aunque le escribí veinte veces nunca más me contestó.

Después de tantos años de profesión en este medio, ¿cómo analiza la eterna disputa entre las grandes multinacionales cinematográficas y el cine local?

En principio hay que tener claro que el mundo cambia. Hoy en día todo tiende hacia la digitalización. Uno no puede pelear contra Goliat, y es que solo en alguna ocasión puede que gane David. Estados Unidos tiene una mentalidad industrializadora desde hace muchos años. Las Majors siempre priorizan el producto; no importa que Walt Disney no esté más, ellos generan una industria a partir de cualquier cosa. Además, en la actualidad, el cine americano está dominado por un objetivo: la juventud, un colectivo sumamente consumidor al que no le gusta sentarse a reflexionar sobre una película. Aquellas cintas al estilo de la década de los cincuenta ya no existen. Esto es consecuencia del paso del tiempo; hay que entender que no se detiene para uno mismo. No es cuestión de echarle la culpa a alguien. Yo entendí que los largometrajes que tiene la productora los puedo vender en otros países, ya sea a través de internet, el cable la TV o con coproducciones. Me di cuenta de que es necesario cambiar a tiempo, para poder ser feliz en lo que se trabaja. Y tampoco hay que ser negadores; los americanos vinieron a nuestro país porque los empresarios argentinos prefirieron vender los cines para hacerse con el negocio, en cambio, gracias a los complejos que llegaron, se pudieron ver cintas europeas. Si no hubiesen venido, ¿cuántas salas tendríamos? Hay verdades en los dos lados.

Usted actuó en varios largometrajes, ya sea en cameos y breves apariciones como con personajes con mayor protagonismo. ¿Qué fue lo que le gustó de la actuación?

Actué en unas sesenta películas. Para mí, el actuar implica distenderme. Cuando voy a una filmación me alejo del infierno de toda la semana de trabajo. Además, todos me trataron bien. Siempre me sentí cómodo, estoy en el mundo que siempre quise estar, mi hijo estudió actuación y hoy en día vive de eso. Todo ello me gusta, porque en mi caso siempre fui tímido, me da miedo la cámara. Tuve la facilidad de poder adaptarme y hacerme entender, no solo en eso, sino también en todos los ámbitos, por ejemplo, nunca supe hablar inglés, pero siempre logré expresar lo que necesitaba en ese idioma.

¿Qué conclusión sacaría de los últimos años de cine?

Hoy se consume cine como nunca en la vida, en todos los medios que te puedas imaginar. Hoy Campanella está haciendo una serie nueva en Estados Unidos, ¡eso también es cine! Tanto por internet como por televisión digital terrestre o por Video on Demand (Netxflix). Y es que, contra eso, no se puede hacer nada, sería mucho más fácil criticar, pero hay que acompañar. Siempre aproveché las cosas buenas de estos nuevos sistemas. Hay que saber reinventarse, darse cuenta que todo puede ser llevado al cine.

Primer Plano Group supo adaptarse a lo largo del tiempo a los profundos cambios y las impredecibles transformaciones de la industria cinematográfica, ya sea por injerencias externas tales como las Majors, como también internas; caracterizadas estas últimas por el público nacional, que siempre fue un potencial consumidor de cine. A través de su figura excluyente, Pascual Condito, la distribuidora Argentina más añeja ha logrado construir un modelo -un sistema si se quiere- de comercialización y promoción de películas y artistas con una logística propia de las denominadas “cinco grandes”, aunque el contraste se encuentra en la limitada mentalidad industrializadora que tiene este país. Ésta probablemente sea una de las razones por la cual Primer Plano ha decidido retirarse del mercado de distribución de films Argentinos. Otra que podríamos agregar es la puja que hay entre los productores, distribuidores y salas comerciales, quienes son regidos por un orden de jerarquización vertical, en el cual la balanza siempre termina equilibrada para el lado de las exhibidoras.

Aunque este breve análisis intenta ser lo más criterioso posible, la razón más preponderante por la cual se alejan del mercado, es el cansancio de un hombre que ha vivido para el cine y que por primera vez en su vida, a sus más de 60 años, ha decidido dedicarse por primera vez de lleno a su familia. Gracias Sr. Pascual, salud para usted.

Buenos Aires, 1 de Junio de 2013

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