“Es sesudo porque es aburrido” parece ser la nueva consigna de los intelectuales cinéfilos que regentan las cinetecas y avalan películas pretenciosas que, muchas veces, tampoco expresan nada.”  The Assassin Hsiao-Hsien Hou

Escrito por Pablo Cristóbal

Edición gráfica por Alicia Victoria Palacios Thomas

The Assassin Hsiao-Hsien HouEn diversas ocasiones muchos hemos dado una segunda oportunidad a esa película de la que tanto se habla y que tan mala nos ha parecido. Queremos entender qué es lo que la convierte en una obra tan valorada. A veces, uno encaja las piezas pero otras resulta ser un ejercicio tan fútil como psicoanalizar a un individuo que no nos cae bien. Seamos claros, algunas personas simplemente nos parecen aburridas, pesadas o nos son indiferentes. Tal vez sean groseras, irrespetuosas, egocéntricas, desenfadadas, no tengan carisma, sean ruidosas o sus ideologías dejen mucho que desear. De igual modo, cualquier adjetivo es atribuible a la hora de hablar sobre una película, no obstante, me chirrían palabras como “imprescindible”, “clásico contemporáneo” u “obra maestra”. Y, justamente, un colega me dijo el otro día que “cuando ves The Assassin por segunda vez, te das cuenta de que es una obra maestra”. Soy de los que acepta que algunos placeres se sufren primero para gozarlos después (como estudiar una carrera, fregar los platos o incluso ver una película de Andréi Tarkovsky), no obstante me cuesta creer que para disfrutar y entender una cinta como The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015) un espectador tenga que lidiar con la insufrible tarea de darle una segunda oportunidad. Revisionar una cinta como esta —tan difícil de ver y que está en boca de todos— podría verse como un acto de rendición, mortificación y fagocitación del individuo ante un grupo de presión social —el de la crítica selecta y sus lectores asiduos—. Y es que hay que tener mucho estómago para practicar la autopsia a un film que por si mismo parece un cadáver en el congelador de los helados, todo con el fin de descubrir qué pasamos por alto para que no nos gustara a nosotros que tanto sabemos de cine (¿es que no la entendimos, acaso no la supimos ver, hay rastros de ADN en la uña que me indiquen una pista de esa genialidad que todos dicen haber encontrado?). No nos alarmemos, la crítica más sesuda puede llegar a perder por completo el goce y el sentido de las relaciones emocionales cuando intelectualiza demasiado. No siempre se debe mirar el mundo cinemático a través de una lupa, una libreta y un tubo de ensayo.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Decía Luis Martínez en una columna de El mundo “desconfíen de los que, urgidos por las prisas (o la estupidez, tanto da), se lanzan a tratar de obra maestra lo que aspira a algo más. The Assassin es una pieza única por su carácter absolutamente inconmensurable. No admite medida ni patrón.”

Esta reflexión plantea tres posibilidades sobre quién es más absurdo en su hacer: 1) el que encumbra de inmediato una obra catalogándola de clásico instantáneo (cuando no se trata de un cacao en polvo); 2) el que movido por un sentimiento de pertenencia se sugestiona para que algo le guste; 3) el columnista que cataloga como estúpidos a todos esos espectadores encantados con la película pero que no han comprendido que esta no queda sujeta a ningún juicio de valor ya que ha trascendido. Personalmente me decanto por este tercer sujeto.

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The Martian (Ridley Scott, 2015)

The Assassin, como muchas películas que son nominadas a los Oscar gracias a la fuerza visible de los lobbies de turno —véase The Martian (Ridley Scott, 2015)— ganó un premio jugoso en el otro gran festival del cine mundial, Cannes. The Assassin también está posicionada como la favorita de tantas listas de MEJORES PELÍCULAS DEL 2015 elaboradas por gente del medio de la crítica más admirable y, por qué no decirlo, exquisita. Por desgracia, han sido muchas las revistas digitales que se han querido sumar a este nivel de ¿excelencia? dedicando un par de nimios párrafos a la película de Hsiao-Hsien Hou (HHH) designándola como un “peliculón indiscutible”. Lo que huele a chamusquina y a una falta total de opinión personal, si tenemos en cuenta que todo el cine de HHH nace como reacción a los contenidos de este tipo de revistas que dedican su espacio —plagado de banners— a hablar sobre estrenos que arrasan en taquilla, fomentar rumores acerca de los futuros proyectos de Marvel, cotilleos varios y otros enseres lúdicos.

Está claro que quienes confían ciegamente en el canon establecido por la crítica más sibarita y se auto convencen de que son una maravilla las últimas películas de cineastas de renombre como podrían ser Wim Wenders (Todo saldrá bien, 2015), Peter Bogdanovich (Lío en Broadway, 2015), Woody Allen (Irrational man, 2015), Pedro Almodóvar (Los amantes pasajeros, 2013), Alejandro Amenábar (Regresión, 2015), Julio Medem (Mamá, 2015), Clint Eastwood (El francotirador, 2015) o Terrence Malick (The Knight of Cups, 2015) son igual de ingenuos que los espectadores que asisten a la gran sala sugestionados por las recomendaciones de la revista Acción.

Y por esto mismo hay que tener muy claro que los críticos profesionales no sólo dan concesiones a los cineastas por sus grandes obras del pasado (que no por las del presente) sino que son escritores contratados por una empresa que vende y apoya un tipo de cine. Por poner dos ejemplos: Jordi Costa escribe sobre realizadores patrios —muchas veces amigos suyos— de vena cómica, lo que él ha clasificado como el post-humor parece ser siempre muy recomendable (cuando no siempre es así) mientras que José Manuel Escribano en su famoso Callejón —del programa de radio La Rosa de los Vientos— lleva años apoyando el cine español, por mediocre que este sea, motivado por un sentimiento de responsabilidad para con nuestra industria nacional. Las editoriales, en cualquier caso, son negocios que albergan sus propias ideologías (a nivel político) e intereses capitales (favores, comisiones, accionistas…) así que todos los escritores quedan sujetos a la filosofía del tipo de mercado que interesa a la editorial, quien tiene un target muy definido. Si Fotogramas, Imágenes, Acción o Cinemanía son pro Hollywood y favorecen tanto a las grandes franquicias norteamericanas como a todo el mercado español de la industria más golosa, en contraposición, tenemos a Caimán Cuadernos de Cine que se decanta a favor del cine Europeo, del cine social, del talento alternativo y favorece a ese séptimo arte español que se engloba en la esfera de lo extraño, lo marginal, lo reivindicativo y lo experimental. En tierra de nadie, nos queda la revista Dirigido por que, debido a la heterogeneidad de su amplio abanico de géneros y estilos fílmicos deja clara una postura más neutral, equitativa y fuera de prejuicios. Dicho esto, todos estamos sujetos a que una coyuntura mediática marque nuestras preferencias personales, con lo cual no son ni tan auténticas ni tan personales como nos pensamos. Uno puede llegar a fagocitarse en la mediocridad de la “creme”, perdiendo el gusto propio para acabar bailando al son de este elitismo tan cool. A modo particular, quien escribe estas líneas no entiende de vinos pero tampoco le ha cogido el gusto a la mierda de cabra. Cada uno es libre en estos temas de fagias y fobias por lo que si en Tailandia el feto de un huevo podrido está considerado como un manjar de primera (o así nos lo venden a los extranjeros) para otros siempre será un plato repugnante.

Y por esto mismo, también una película como The Assassin, debe ser desenmascarada. Porque su verdadero poder está en el continente, que no en el contenido, ya que viene de la mano de un cineasta que está hermanado a la nación más “ilustrada”, la que inventó el cinematógrafo y sigue gozando de una industria sólida que, sin embargo, no excluye un fuerte sentido del compromiso social. Hablamos de Francia, por supuesto.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Títulos de denominación de origen francesa como Café Lumière (2003), Chacun son cinéma (2007) o El vuelo del globo rojo (2007) son tres de los últimos experimentos cinematográficos en los que oriente y occidente se han dado la mano gracias al trabajo conjunto entre el realizador Hsiao-Hsien Hou (HHH) y la crítica halagüeña europea que tiene como norma deshacerse en cumplidos con cada una de sus obras. Ya Chancun son cinéma era una película organizada para el 60 aniversario de Cannes y en ella asistíamos a una propuesta de relatos antológicos con carácter metafílmico donde participaban algunos de los directores más arraigados al festival: Aki Kaurismäki, Abbas Kiarostami, Olivier Assayas (el cineasta Cahierista), Jane Campion, Michael Cimino, Ethan y Joel Coen, David Cronenberg, Jean-Pierre y Luc Dardenne, Atom Egoyan, Nanni Moretti, Roman Polanski Alejandro González Iñárritu, Takeshi Kitano, Ken Loach, David Lynch, Tsai Ming-liang, Gus Van Sant, Lars von Trier, Wim Wenders, Wong Kar-wai, Zhang Yimou, Manoel de Oliveira y, ¿por qué no? Hsiao-Hsien Hou, que no podía faltar a la cita.

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Café Lumière (2003) y El vuelo del globo rojo (Hsiao-Hsien Hou, 2007)


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Chancun son cinéma “Occupations” (Lars Von Trier, 2015)

El vuelo del globo rojo (Le voyage du ballon rouge, 2007) —anterior trabajo de HHH a The Assassin— había sido propuesto y financiado por el Museo de Orsay (París) para celebrar su centenario y, ya de paso, mata dos pájaros de un tiro haciendo de postal para la localidad y un tributo al fabuloso mediometraje El globo rojo (Albert Lamorisse, 1956). De nuevo, nos damos de bruces con la exaltación de la cultura francesa desde una perspectiva cinematográfica foránea pero complaciente.

Así que no se engañen, Hsiao-Hsien Hou trabaja para una hegemonía cultural y económica cuyos colores son el rojo, blanco y azulLos colores imperialistas por antonomasia.

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El globo rojo (Albert Lamorisse, 1956)

Algo parecido también le sucedió un poco a otro cineasta oriental, Tsai Ming-Liang, que con El sabor de la sandía (2005) tributó como nunca había hecho en toda en su carrera a François Truffaut y su alter ego el personaje de Antoine Doinel —Los 400 golpes (1959), Antoine et Colette (1962), El amor a los veinte años (1962), Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1979)—. Así, en el culmen de su carrera, Tsai Ming-Liang prestaba en El sabor de la sandía. un pequeño papel al actor Jean-Pierre Léaud, quien fuera el que interpretase a Doinel durante todos esos años. Ya se pueden imaginar cómo aumentó la tasa de ovaciones de los críticos de Cahiers du Cinéma (la revista francesa de cine por excelencia) para con este interesantísimo trabajo. Pero Tsai Ming-Liang, todo lo contrario a HHH, si que logró llegar al paroxismo de toda su carrera con El sabor de la sandía (2005) y clausurar un ciclo que comenzó en Rebeldes del Dios Neón (1992).

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El sabor de la sandía (Tsai Ming-Liang, 2005)

El vuelo del globo rojo (HHH, 2007) fue un trabajo de patio tan onanista como insípido, era un nimio juego de arte y ensayo sin la fortaleza conceptual y poética que nos han otorgado otros cineastas especializados en ese campo (antaño Jonas Mekas y John Cassavettes o, a día de hoy, Jonás Trueba y José Luis Guerín). El lenguaje poco o nada comunicativo de HHH para su El vuelo… parecía más una emisión propia de un televisor cuyos canales estaban desintonizados porque era una película en código cifrado que se correspondía a un cine de lista de invitados, de gente VIP del barrio, de puertas cerradas al mundo. En este El vuelo del globo rojo (2007) el director asiático se alejaba radicalmente de la propuesta soñadora, infante y nostálgica de El globo rojo (1956) —que a muchos supo tocar el corazón— haciéndole un flaco tributo a la Historia del cine francés y anteponiendo su auto homenaje a las necesidades del proyecto.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

El vuelo del globo rojo (Hsiao-Hsien Hou, 2007)

Sin embargo, tras toda su pátina de auteur experimental y rupturista, Hsiao-Hsien Hou supo jugar sus cartas y se armó con la actriz independiente más icónica del país (y seguramente de toda Europa) como protagonista, la cuasi mitológica Juliette Binoche que le aseguró un trato de preferencia en la crítica más especializada.

Ya con todos estos elementos a su favor, El vuelo del globo rojo auguraba ser anunciada como el nacimiento de un film endiosado en el pesebre de Belén y, como era de esperar, Cahiers du Cinema —que reconoce con orgullo a HHH como “el cineasta asiático más baziniano”— le trajo el oro, el incienso y la mirra, concediéndole su portada de abril en el 2009 (nº 22 en España, donde la aclamaban sin medida alguna en las 11 páginas que le dedicó) a este “uno de los exponentes más cualificados del más consecuente y radical cine contemporáneo”, según afirmaban. Pero todo quedó en eso, la película no caló más allá de las fronteras parisinas porque su genialidad era más bien fruto de una ceguera ideológica y chauvinista, nadie más fuera de la editorial veía ni sentía para sus adentros la maestría de HHH con este film. Sin embargo, nos quedaba bastante claro que este cineasta, con sus siete nominaciones a la Palma de Oro, nunca sería excluido de la brecha Cahierista y, por consiguiente, de las ya muchas caricias aterciopeladas que le había brindado el Festival de Cannes. Que en el 2015 se le haya galardonado a su último trabajo, The Assassin, con el premio a la mejor dirección no nos puede extrañar lo más mínimo.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

Hsiao-Hsien Hou Premio Palm D’Or en Cannes, 2015

El que la sigue la consigue y sin lugar a dudas las puertas giratorias, los tratos de favor o los premios a dedo no se dan sólo entre políticos, sobre todo, si tenemos en cuenta que hacer una película es —y como decía Ken Loach— otra forma de hacer política.

En España, Caimán Cuadernos de Cine (nº 43) le ha dedicado a The Assassin la portada, 17 páginas de su contenido y el primer puesto como la mejor película del año en el 2015. La crítica de Cahiers du Cinema (Francia) también se ha deshecho en cumplidos y halagos con este wuxia que, para facturar debe fracturar, rompiendo los cánones establecidos y migrando a los derroteros del ensimismamiento. Pero el rupturismo debe ir acompañado de buenas ideas que respalden el discurso del film, no es este el caso. HHH filma el paisaje contemplativo oriental encuadrado en un formato (1: 1,85) que emula las pinturas chinas paisajísticas pero que no favorece en nada la panorámica de sus imágenes preciosistas sino que actúa a la inversa, un formato que encajona el cuadro visual, lo empobrece y esclaviza.

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The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Nadie parece querer poner en cuestionamiento esta mala praxis de HHH, sobre todo ahora que, más que nunca, se ha vuelto signo indiscutible de calidad fílmica reivindicar el viejo formato (4:3) como hemos visto hace pocos años en trabajos tan meritorios como Ida (Pawel Pawlikowski, 2014), The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson, 2014), Jauja (Lisandro Alonso, 2014), Tabú (Miguel Gomes, 2012), No (Pablo Larraín, 2012), Post Tenebras Lux (Carlos Reygadas, 2012), Meek’s Cutoff (Kelly Reichardt, 2010), el cine de Andrea ArnoldFish Tank (2009), Cumbres borrascosas (2011)— y Xavier Dolan Laurence Anyways (2012), Mommy (2014)—. Películas que han sido afamadas, premiadas y que gozan del favor de la opinión “seria”. Y muchos espectadores, cegados por el brillo de la palma o tal vez con otros trabajos suyos en mente —como Millenium Mambo (2001)—, justifican todos los desatinos de HHH bajo el amparo de su misterio ya que “no es una película legible desde la perspectiva de nuestra cultura occidental”. En este sentido, podría verse este film como una “obra de arte contemporánea” expuesta en una de tantas galerías inexpresivas y pretenciosas que nos obsequian con un montón de abstracciones baratas que contienen, nos dicen, un discurso humano e intelectual inasible para el que no entiende. Un argumento que se resume en esa frase cristiana de “las perlas no se echan a los cerdos”.

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The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Vivimos en una contemporaneidad audiovisual marcada fuertemente por la presencia de su virtuosismo técnico y visual, a día de hoy, cualquier largo, medio y cortometraje cuenta con una excelente fotografía que bien puede estar maquillada por los procesos de posproducción de color. Sin embargo, los lienzos de The Assassin son encumbrados por doquier hasta la saciedad como el mayor atractivo del film pese a su estética llamativamente amateur. Los cuadros realizados por el afamado director de fotografía, Ping Bin Lee, han sido registrados por cámaras HD cuyas texturas se ven demasiado limpias y artificiosas, sus imágenes nos hacen echar de menos al viejo celuloide o, en este caso, el empleo de unos procesos de corrección de color más elaborados. No estamos viendo al Ping Bin Lee de Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000) o Flowers of Shanghai (HHH, 1998) sino un trabajo estético que quiere romper los cánones y por ello mismo, no cuaja, aunque sea acorde con los objetivos —que más bien parecen divagaciones— del cineasta.

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Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000)


The Assassin Hsiao-Hsien Hou

Flower’s of Shanghai (Hsiao-Hsien Hou, 1998)

Y es que lo que algunos denominan vacío estético que es como decir “esta película es pobre en ideas y sólo se sustenta en su belleza” debería de ser igualmente criticable tanto en el cine mainstream (apoyado en su descomunal economía de medios) como en el cine independiente más hueco.

Es por este tipo de parecer que los cuentos chinos de Ang Lee y, especialmente, Zang Yimou —colmados de slow motion, coreografías circenses y paisajes de ensueño— se les ha tildado de productos de consumo banales. Si Zang Yimou, que nos entretiene e ilumina con su sentido del espectáculo, es tal como acusan algunos críticos “un mero esteta”, entonces también podemos afirmar con total rotundidad que The Assassin está mucho más preocupado por lo formal y lo estético que por el contenido; HHH busca lo contrario al mainstream, con lo cual palidece visualmente ante el cine de Yimou en su apariencia pretendidamente minimalista que bien podría traducirse en una aparente escasez de medios.

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The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Sin ganas ni de maravillar ni de entretener sino de romper fórmulas, The Assassin goza de tres escenas de acción de poca o ninguna intensidad que, básicamente, están mal rodadas (adrede) para escapar de la emoción y la comodidad expresiva que propician los convencionalismos del género. Mientras esta presume de no abusar del empleo de cables, del exceso de coreografías asombrosas ni de secuencias sanguinolentas, por otro lado tenemos una grotesca secuencia donde una falsa niebla, generada por un CGI vulgar e irrisorio, envuelve a uno de sus personajes para asesinarlo. A esto se podrían sumar algunos deslices de raccord lumínicos intencionados —que no dejan de recordarnos que estamos ante un experimento cinemático— o la constante obsesión de construir encuadres incómodos a través de los velos y las cortinas que adornan el salón real.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

Como colofón y ya en el colmo de lo ridículo, no podemos olvidar los paseos por el bosque que da el estrafalario personaje de Lady Tian (Yun Zhou) disfrazada con un traje y antifaz que parece salido de un episodio de los Power Rangers. La ininteligible presencia de Lady Tian rescata la elegancia de una película de Andrew Blake —el padre del porno chic norteamericano— cuyo trabajo visual también mezclaba, como en The Assassin, la contemplación de cuerpos femeninos, miradas prohibidas, viejos amores del pasado, fetichismo entre matorrales y mujeres que espían (para su goce) entre las sombras.

A nivel técnico Blake era un esteta, ponía mucho énfasis en la iluminación y los decorados pero se preocupaba en construir montajes vanguardistas que aunasen diversas texturas, fotogramas en b/n alternadas con imágenes a color, todo de lo más alternativo y sugerente.

Incluso la premisa hedonista de The Assassin es propia de este porno elegante: una voyeurista y guapa asesina observa la vida conyugal —en palacio— del gobernador, su esposa y sus concubinas, después, sin venir a cuento, se enfrentará en el bosque con una misteriosa enmascarada…

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

RedLight Cabaret (Andrew Blake)

Pero al contrario que este porno chic (con abundantes secuencias de masturbaciones entre los resquicios de las puertas) o a las acrobáticas danzas circenses del wuxia de Yimou, el cineasta HHH no desea narrar con acciones físicas. La historia se deja entrever algo mediante unos protagonistas de rostros hieráticos, sentados todo el tiempo, que dramatizan sus soporíferos traumas y recuerdos. Si el cuentacuentos (y también asesino) personaje que interpretaba Jet Li en Hero (Zang Yimou, 2002) describía sus micro relatos al emperador Qin (Daoming Chen) paralelamente a las secuencias que nos mostraban los acontecimientos, para mayor gloria de nuestros sentidos, en The Assassin es la palabra por una boca tímida la que narra una historia confusa y exenta de vida que nos es velada. No se trata de un teatro sugerente o dinámico al estilo de películas en las que el diálogo prima ante la acción como son Locke (Steven Knight , 2013), Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) o Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015). Aquí todos los protagonistas parecen almas en pena que vagan en los confines del palacio y uno, como espectador, sólo quiere salir huyendo de la gran sala que ahora le aprisiona y le asfixia.

La trama de The Assassin es la de un cuento oriental bastante ortodoxo y mediocre con esta singularidad de haberse filmado en clave de ombliguismo auteur y un reconocible aroma a TV movie.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

Irma Vep (Olivier Assayas, 1996)

La protagonista, Qi Shu, desempeña un rol que nos retrotrae al que interpretaba Maggie Cheung como esa ninja erótica que era Irma Vep (Olivier Assayas, 1996), otro puente cinematográfico entre las estrechas relaciones de Francia y China con otra aparición estelar de Jean-Pierre Léaud (again). Yéndonos a plateas más concurridas hay un paralelismo mucho más evidente entre Qi Shu y el personaje de Maléfica en la última revisión fabricada por Disney ya que entre cortinas y ramajes estas dos antiheroínas acechan, espían o velan por la vida de unos niños que han sido engendrados por sus antiguos amantes (de sangre real en ambos casos). Ellas, las modelo y actrices Nie Yinniang y Angelina Jolie, interpretan a parias malditas y descreídas del amor, espíritus combativos y ángeles caídos en desgracia que, para su sorpresa, se verán reconvertidas en hadas madrinas. Estas sombras con luz propia, Maleficient (Robert Stromberg, 2014) y The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015), son las dos protagonistas de belleza indiscutible que sufren en silencio, que ponen en reclusión sus sentimientos y que vienen a ser las dos caras de una misma moneda: una pertenece a una fábula disneyizada mientras la otra pertenece al género del wuxia. No quedan tan lejos estos dos relatos.

The Assassin Hsiao-Hsien Hou

Maleficient (Robert Stromberg, 2014) y The Assassin (Hsiao-Hsien Hou, 2015)

“Es sesudo porque es aburrido” parece ser la nueva consigna de los intelectuales cinéfilos que regentan las cinetecas y abalan películas pretenciosas que, muchas veces, tampoco expresan nada. No olvidemos que la mayoría de los grandes cineastas de antaño también se esforzaban por no aburrir a la gente, el mismo Jean-Luc Godard, que ha basado casi toda su carrera en la búsqueda y la experimentación, admite que sus películas favoritas son relatos de consumo masivo.

Se equivocan si creen que todo lo marginal es bueno o si creen que todo lo que sale de EEUU es banal e intrascendente. Eso son sólo prejuicios. Pero es lo que sucede cuando te unes a un bando en la guerra invisible contra el sistema de producción imperante, que uno termina por defender lo indefendible.

Si Hollywood obsequia con varios premios Oscar a una película todos querremos verla (aunque sólo sea por hablar mal de la academia más glamurosa de occidente); y si la industria francesa, respaldada por Cannes, sopla a favor de una película veremos cómo muchos críticos sueltan amarras y despliegan sus velas para que llegue a buen puerto. Nadie se atreve a llevar la contraria “cuando Cannes propicia su Oscar”, nadie dice que la última película de HHH sea incomprensible, aburrida o indiferente, que Paul Thomas Anderson haya dado un traspié con su Inherent Vice (2014) o que el niño mimado de este festival, el canadiense Xavier Dolan, tenga más madera como realizador de videoclips que como cineasta. Y vaya, parece ser que la película más lenta e impermeable del 2015 (con carácter experimental), todos la entendimos y la pudimos gozar. Y nada influyó en nuestra opinión que siete de las películas dirigidas por HHH hayan sido nominadas a la Palma de Oro, que goce con el Premio a la mejor dirección en el palmarés del 2015 o que tipos como, el realizador y crítico Cahierista, Olivier Assayas (again) lo consideren “de lejos, el artista más importante producido por el cine chino contemporáneo”.

Lo que nos quieran vender.

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