El demonio bajo la piel

Esta oscura historia nos sumerge en un mundo confuso y caótico de estética de cine negro y con una ambientación enfermiza. En este pueblo nada es lo que parece y nadie es trigo limpio. «Tengo un pie en cada lado de la valla. Lo tengo desde hace tiempo, y no puedo hacer nada, salvo esperar o partirme en dos»

por Carlos Cristóbal

Photo

“Siempre se ve un poco más claro, antes de oscurecer”

El director británico Michael Winterbottom nos ha regalado a lo largo de los años brillantes y arriesgadas películas como Código 46, Wonderland, Camino a Guantánamo, 24 hours party people y Tristram Shandy: A cock and bull story. Aunque su filmografía es aún más extensa, polifacética y experimental. En esta ocasión ha llegado a nuestros cines The killer inside me (traducida absurdamente en nuestro país como El demonio bajo la piel). El guión, escrito por el propio Winterbottom y Robert D. Winbach, adapta la obra literaria de Jim Thompson (autor de 1280 almas y de otras novelas que han llegado al cine como La huida y Los timadores), la cual también fue adaptada en 1976 por Burt Kennedy.

Nos encontramos en 1957, en una pequeña población petrolera, Central City, situada al oeste de Texas. Lou Ford (Casey Affleck) es el ayudante del sheriff, un hombre que lleva una vida normal y se encuentra casado con una hermosa mujer (Kate Hudson). Para sus vecinos Lou resulta un hombre afable, manso y sencillo. Pero en su interior se encuentra torturado por violentos traumas del pasado. La trama comienza cuando Bob (Bill Pullman), el sheriff local, encargue a Ford la tarea de “invitar” a una prostituta (Jessica Alba) a que abandone el pueblo. Pronto el ayudante del sheriff y la prostituta comenzarán una peligrosa relación de sexo y manipulación que propicia el despertar del psicópata que habita en el interior de Lou Ford. Es desde este momento cuando comienza un retrato de un perturbado mental.

«Tengo un pie en cada lado de la valla. Lo tengo desde hace tiempo, y no puedo hacer nada, salvo esperar o partirme en dos».

Esta oscura historia nos sumerge en un mundo confuso y caótico de estética de cine negro y con una ambientación enfermiza. En este pueblo nada es lo que parece y nadie es trigo limpio. Desde el veterano Chester Conway (Ned Beatty) hasta el sindicalista Joe Rothman (Elias Koteas) todos persiguen sus propias venganzas, favoritismos, rencillas y aumentar el tamaño de sus bolsillos.

Pero, por supuesto, el eje central de la película se encuentra en Lou Ford, al que conforme seguimos en su vida nos vamos sumergiendo en su propio abismo, perdiéndonos en un mundo violento, hipnótico y desgarrado. Precisamente lo mejor del film, sin duda,es el personaje interpretado por Casey Affleck, el cual ya nos demostró cuál de los dos hermanos es realmente un buen actor (nunca engañaste a nadie, Ben) en películas como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Gerry y Adiós pequeña, adiós. Casey es capaz de reflejar maravillosamente la dualidad del asesino, sus contradicciones, su amoralidad, su tortura y todo el abanico de sensaciones que caracterizan al sociópata Lou Ford.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Andrew Dominik, 2007)

Todos los demás actores también dan la cara, resultan completamente creíbles, rompiendo con posibles encasillamientos y logrando distanciarse de anteriores papeles del género de superhéroes, acción o comedias.

Desde una percepción técnicamente la película es muy notable, la puesta en escena está conseguida y la ambientación no solo convence sino que engancha. La fotografía corre a cargo Marcel Zyskind (colaborador habitual de Winterbottom), el cual logra plasmar la crudeza y oscuridad de la historia en cada imagen. La oscura música de Melissa Parmenter no llama demasiado la atención, pero acompaña a la historia con la debida eficacia.

Pero hasta aquí los aciertos, todo lo demás resulta mediocre y a ratos pesado. El film es irregular en todo su desarrollo. Su ritmo es desacertado, a veces avanza a trompicones. La elocuente tensión propia de las obras de Thompson brilla por su ausencia. Algunas tramas cobran una innecesaria importancia y otras se encuentran demasiado nubladas, sin interés en responder a algunas de las preguntas que nos plantea (sobre todo en los insistentes recuerdos del traumático pasado de Lou).

Las buenas ideas de Winterbottom se pierden entre la confusión, el delirio y en una equivocada composición de la obra. La película no logra un resultado proporcional, te deja frío, no termina de funcionar, no emociona. Aunque sí hay que admitir que a ratos consigue sorprender, sobre todo con esas brutales secuencias de violencia en la que los puños y la voz de Affleck quedan registrados en la posteridad del cine. El final resulta entre poético y absurdo, entre grandioso y ridículo. La bipolaridad del personaje se encarna propiamente en la película hasta su último minuto de metraje.

La película queda en la filmografía de Winterbottom como otro interesante paso en su experimentación y coqueteo con todo tipo de géneros, pero no termina de funcionar ni de convencer al espectador. No obstante, merece la pena embarcarse en ese desquiciante mundo de mentiras, asesinatos y demencia.

Madrid, 13 de abril de 2011

_________________________________________________________________________________________

Ahora te toca a ti. ¿Qué te ha parecido este artículo? Déjanos tu opinión, impresión o comentario: