Allen, Eastwood y Almodóvar en Sunset Boulevard. Cine desde el panteón para un público devoto

Los mismos críticos que siempre han estado a regañadientes con la taquilla por fin han logrado convencer al pueblo de la maestría de estos autores, pero demasiado tarde. Ahora es momento de detractarse y sincerarse porque si el apellido del director de Midnight in París no fuera el de Allen pasaría por cartelera como un pequeño divertimento en el que abundan personajes cliché, los gags fáciles y una falta de agudeza que pretende resguardarse tras grandes escritores de nuestra historia

Por Pablo Cristóbal










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Allen, Eastwood y Almodóvar en Sunset Boulevard.


Cine desde el panteón para un público devoto

No son Clint Eastwood, Woody Allen y Pedro Almodóvar esos genios que solían ser, pero a día de hoy son promocionados más que nunca como tales en estos tiempos en los que la industria cinematográfica atraviesa otra de sus grandes crisis financieras, si es que eso ha llegado alguna vez a significar algo en un negocio donde los euros llueven del cielo para regar el jardín de unos pocos.

No es este el caso de ciertos directores que se contentan con gozar del favor de las academias de cine y las recogidas de esos premios que asegurarán un futuro e inmediato trabajo en este mercado elitista. Mercado que tiembla ante las producciones de bajo coste que se han rentabilizado mediante el avance tecnológico, mercado que busca nombres, no historias, mercado de glamour, de palmaditas en la espalada, de galas cuanto menos ridículas pobladas por los mismos amiguetes y algún que otro elegido.

Entre grandes directores y nominados siempre tenemos a Eastwood que es políticamente correcto y pretende con éxito concienciar las mentes más escuetas. Esta finalidad se lleva a cabo dentro de unos patrones que abogan por un convencionalismo sensacionalista y que, claramente, saben llegar a una mayoría, es decir, no hay una controversia real en su trabajo porque está bastante claro por quién toma partido y a quién/quienes hay que acusar con el dedo. El director que ya realizara a día de hoy su trigésimo quinta película se mueve en el terreno de lo clásico con un cine donde abundan héroes y malvados. Estos últimos poblados por violentos, tramposos, racistas, hipócritas, cobardes… nada que objetar contra un discurso moral tan sumamente básico, exceptuando que no tiene nada de nuevo ni de controvertido.
No nos faltan ejemplos, revisen Gran Torino, cuyo único mensaje era decir no a las armas y desanimarnos a formar parte de una pandilla callejera, visionen el trailer de su próximo gran éxito, J. Edgar, en el cual ya podemos averiguar quién es el villano insalvable de la película, o recuerden Invictus, con su persistente mensaje de equidad racial y de la cual ya aclaré todo lo que tenía que decir aquí.

Woody Allen -
Este primer “Dios del panteón” es respaldado por una crítica que avala su carrera, ya no tanto su película, un certificado que nos obliga al aplauso sin ninguna vacilación. Aquí no hay debate posible porque todo buen cinéfilo o persona del credo apoya a Eastwood con una confianza ciega cercana al fanatismo.
En su demostrada infalibilidad propondría una moción y exhortaría a este cineasta para la candidatura a la Presidencia en las próximas elecciones. Y de paso buscarle una oposición digna que tenga la suficiente capacidad de autonomía para hacer notar muchos de los fallos de su discurso.

Medianía en París.

La melancólica certeza de que todo tiempo pasado fue mejor es puesta en jaque. Tono. Humor que desborda de ternura y, por qué no, de romanticismo. Género. Incierto, entre un fantástico que remite a viejas películas de Bill Murray y la comedia más llana. El resultado: un film para entregarse y disfrutar.

-Suite 101

Algo diferente pero de algún modo similar le sucede a ese moralista políticamente incorrecto que es Woody Allen, quien perdiera su característico ingenio hace ya algunos años justo antes de empezar a rodar en Europa, hoy por hoy nos tortura con historias complacientes y nada eficaces, véanse fiascos como la “dramedia” Vicky, Cristina, Barcelona (2008), similar a un producto televisivo digno de series como Los Serrano o Médico de familia; la tragedia fatua de El sueño de Cassandra (2007), que lleva como lastre, entre otros, una de las peores interpretaciones en la carrera de Colin Farrell; esa farsa sin gracia que es Conocerás al hombre de tus sueños (2010), que más se reirán con algún episodio repetido de la exitosa serie Aquí no hay quien viva o su última y más llevadera Medianoche en París (2011).

Esta película ha abierto el festival de Cannes y es una película española de Woody Allen, financiada por media pro dentro del lote firmado por Jaume Roures y Allen…
-Jose Manuel Escribano, LRV.

media noche en paris

Encabezada por una de las parejas más comerciales hasta la fecha en la filmografía del director norteamericano (Owen Wilson y Rachel McAdams) se nos narra un cuento de guardería con la plusvalía del recorrido temático parisino en el que nos acompañan diversos artistas de otros tiempos. En una breve sinopsis les diremos que Wilson, alter ego de Allen, está obsesionado con la edad de oro parisina y no encaja en absoluto ni con su familia política ni con las amistades de su aborrecible prometida. Nadie sabe por qué está en esa situación, entre todos esos antagonistas que sin disimulo alguno afrentan contra su persona. El único que aquí lo sabe es el guionista y realizador que zambulle a este individuo en un hábitat que funciona a modo de trampa. Una noche, precisamente a las doce, como en los cuentos de hadas más lights, deambulando por las calles de París, se le aparece un viejo coche/carruaje mágico que lo llevará a conocer algunas de las más destacadas personalidades intelectuales y artísticas de bohemio París de los años veinte. En esta regresión a un tiempo maravilloso conocerá esa mujer de la que se enamorará –la francesa de moda, Marion Cotillard– y por la que pondrá en peligro su futuro matrimonio. A medida que avance la trama, Allen se encargará de justificar el banal comportamiento de su protagonista, cobarde inmediato, romántico y antihéroe de una situación que inevitablemente le supera. Pero una vez más, el director y guionista lo ayudará con uno de sus típicos deus ex machina, esta vez en forma de una bella florista (con un papel menos que escaso) que hará las veces de guión reparador o happy end. Todos los elementos que componen este retrato social tan necio aligeran una comedia en los que habitan personajes deleznables como el de Rachel McAdams o un petulante Michael Sheen, posiblemente lo mejor, seres mezquinos como la propia película que, obviamente, ha cumplido sus veces con la taquilla.

Dentro del consagrado elenco de este nuevo proyecto cinematográfico sobresale el nombre de Carla Bruni, la actual primera dama de Francia. El director la eligió para el papel de una guía del Museo Rodin y le ofreció el personaje, casi en broma, durante un desayuno con el Presidente Nicolás Sarkozy. Charlando con ella, la encontró tan encantadora que le propuso la participación en la cinta.
-Silvia G., Primordiales

Esta historia perezosa que cementa sobre un pastiche de archiconocidas celebridades – Man Ray, Fitgerald, Hemingway, Matisse, Buñuel, Picasso, Dalí…- ha sido la ganadora al mejor guión original en los globos de oro 2012 y en España, que no somos menos, la hemos nominado en los premios Goya nuevamente a “mejor guión original”. Por originales no lo somos ni en nuestras nominaciones. Recordemos que según Wikipedia: El premio a mejor guión original se otorga a los escritores que consiguen una buena historia sin utilizar materiales ajenos o anteriores (libros, obras de teatro, otras películas…). Claramente este no es el caso de Medianoche en París. Que no les ciegue la venda de su glamour intelectual, es una comedia con sabor a cuento navideño y recubierta de un auténtico barniz cultural a la que se hace concesiones por ser Allen quien la firma, volviendo en este caso a otro ejemplo de oligopolio en un mercado cinematográfico que se lava las manos junto a una crítica que defiende lo injustificable.

El Tsunami Almodóvar.
“Pedro Almodóvar tiene razones para estar contento: La piel que habito, su salto mortal sin red entre el drama, el cine de terror y el fantástico, se ha coronado como la película más nominada a los Goya 2012 con un total de 16 candidaturas, incluyendo las de Mejor película, Mejor guión adaptado y Mejor dirección, así como nominaciones para sus protagonistas (Antonio Banderas, Elena Anaya) y para Jan Cornet y Blanca Suárez como actor y actriz revelación.”
-CINEMANÍA

La piel que habito arrasa en las nominaciones de los Premios Goya

En cuanto al director manchego, como etiqueta la prensa en un desesperado intento de patriotismo a través del provincianismo, “ahora es más serio”, o eso es lo que nos aseguran en algunos medios, pero los acontecimientos desmienten las entrevistas viendo el pseudo cine que nos presenta últimamente. Podríamos pensar que éste ha desarrollado un maquiavélico gusto por el humor negro o que bien ha perdido la perspectiva desde las alturas del Panteón. Y es que al visionar La piel que habito (2011) en la que recurre a la estrella internacional Antonio Banderas y a esa cada vez más insoportable Elena Anaya (por favor, ya no queremos verte desnuda) nos preguntamos si no hay nadie en su productora, El deseo, que le pare los pies, que se siente a hablar con él y, libre de miedos en un valiente acto de sinceridad, le pida recapacitar porque en su último trabajo Almodóvar está completamente desbocado. Esto no es nada nuevo y pasa con ciertos autores de renombre, el ejemplo más inmediato es Julio Medem con su Habitación en Roma (2010), donde hiciera también las veces de editor/montador para estropear una película de múltiples posibilidades. Todas ellas tan elogiadas como fallidas, esta vez nos quedamos con su original En la cama (2005) de Matías Bize, más precaria en cuanto a medios, menos pomposa en su propuesta y un ejemplo a seguir por todo realizador de cortometrajes que ame un cine de autor.

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“Traté de quitarme todo tipo de referencias pero hay algunas que están dentro de ti porque son consustanciales, Vértigo está también aquí en los abrazos rotos y de hecho está en cualquier película en que un hombre intente modificar a una mujer y convertirla, al menos, aparentemente en otra y que se preocupe de ponerle otro pelo otro peinado, otro maquillaje y otro traje…Hitchcock está presente”
-Pedro Almodóvar

Pedro tiene muy claro lo que no quiere pero no tiene tan claro lo que quiere (…) Normalmente uno se identifica con un personaje u otro, sobre todo la audiencia femenina. Aquí no, contemplamos con mucho interés, como a través de un microscopio, el devenir de unas personas, pero no estamos dentro de ellas, Pedro no nos deja.

-Jose Luis Alcaine, Cameraman

No nos molesta la carente originalidad del guión que gira alrededor de un psicópata que delata el espíritu de Georjes Franju (Los ojos sin rostro, 1960), Alfred Hitchcock (Vértigo, 1958) o Jonathan Demme (El silencio de los corderos, 1991), ni siquiera el de esta enrevesada y potente venganza que recordará a los más eruditos la reciente trilogía de Park Chan-Wook (Mr Vengance, Old Boy, Lady Vengance), especialmente su obra cumbre Old Boy, 2003, que incluye (ahí va un spoiler) a un tipo encerrado durante años en una habitación y un punto de giro final inenarrable. Tampoco nos molesta observar que Almodóvar no es precisamente Brian de Palma lidiando con el género pero consolidándose una vez más como un director de imágenes enérgicas. Lo que molesta es que ésta, su película número dieciocho, es un bodrio de innegable falta de calidad que se presenta tanto en taquilla como en festivales siendo respaldada y subvencionada por diferentes cadenas televisivas a la espera de una recompensa económica que no cultural. Y así será, éste año ha sido nominado a nada menos que dieciséis candidaturas, como lo oyen.

“Yo he llegado incluso a escribir escenas con Anthony Hopkins en El zorro, que hemos planteado, nos las han aprobado y las hemos hecho, eso es impensable en el mundo de Almodóvar. Almodóvar te dirige de una forma muy específica y que si nos estás acostumbrado el actor probablemente sienta algún tipo de rechazo…si es que no me admite ninguna idea pero a medida que vas entendiendo hacia dónde él te va llevando poco a poco vas cayendo más y más en su mundo y hay un momento en el que simplemente te dejas llevar, es como surfear sobre la ola y esa ola se llama Pedro Almodóvar”
-Antonio Banderas

“Y esta es una película donde hay un verdugo, y donde hay unas víctimas, es decir, es alguien que maneja a las personas en este caso a la persona que ama y que la lleva a su terreno, es decir, quiere que sea como él quiere, hay una manipulación de esa persona y por lo tanto hay siempre una cuestión de poder, de uno sobre otro, hay una víctima y hay un verdugo.”
-Marisa Paredes

Los ojos sin rostro El terror preferido de Pedro Almodóvar (y alguna polémica)Una escena de 'La piel que habito'

Esta premisa es la que subyace en su acostumbrada y muy maniquea dirección de actores, una manera de trabajar que, en sus últimos trabajos, resta sinceridad a la interpretación convirtiendo en peleles también a sus personajes. Destaquemos el histrionismo de los dos jóvenes seleccionados a los Goya, Blanca Suárez que interpreta a una loca que no convence, Jan Cornet, tan flojo que no sabemos si presume de una tendencia homosexual como ya hiciera Javier Cámara en la sensacional Hable con ella, 2002. La interpretación de Banderas es la más seductora del reparto por su contención y hermetismo emocional. Menos suerte corren esos meros peones sacrificados por su director: Marisa Paredes, en una práctica pos cine clásico bastante indeseable, nos presenta un personaje que bebe directamente de Mrs Danvers (la maléfica ama de llaves de Rebeca, 1940), en el que incluye confesiones frente a una hoguera. Lo peorcito de un cine tópico que no genérico. En cuanto a Roberto Álamo con su disfraz de tigre travestido hace posible una inefable fantasía sexual al más puro estilo Kenneth Anger en su Fireworks, 1947. Surrealista, puede. Innecesario, casi seguro.
Y es que no hay forma o manera objetiva de suavizar los adjetivos que definen esta –La piel que habito– incomprensible y turbia obra para el olvido.
La piel que habito

“Alegría para el cine español con la candidatura de “La piel que habito” de Pedro Almodóvar a mejor película de habla no inglesa. Es la séptima vez que el director manchego aspira a los Globos de Oro y ya tiene dos en sus estanterías…Dicen que es cine negro, cercano al terror. Pero tratándose de Almodóvar habría que añadir que es inclasificable. Porque cuando se trata del director manchego no cabe otra etiqueta que la que pone él mismo a todas y cada una de sus películas”
-Rtve.es, A la carta

Homenajes a sí mismo, una dirección de actores catastrófica y una serie de despropósitos ante los que me quito el sombrero por conseguir que todo ello sea aceptado por un público ya supeditado a la opinión de la crítica, cada día más temerosa de perder sus acreditaciones o los favores de algunos jefazos y ocultando su decepción a este cine de estandarte, más patrio si cabe tras su paso por la gala de los Oscar con la divertida y muy eficaz Volver, 2006. El orgullo cinematográfico de nuestra nación este año se basa en un cine más que fallido habiendo otras propuestas frescas, en su mayor parte desconocidas y mal financiadas.

Televisión Española está presente en 4 de los 5 títulos que optan a mejor película en los prestigiosos Premios Cinematográficos José María Forqué, que cada año reconocen las mejores producciones nacionales. La cadena pública también es mayoría en las candidaturas a mejor interpretación, tanto masculina como femenina.
-Rtve, Sala de comunicación

La piel que habito, tras haber sido estrenada con éxito en París y Londres (…) Antonio Banderas vuelve a trabajar tras 22 años con el director en una película que cuenta con la participación de Televisión Española…
-Días de Cine

2011 Pedro Almodóvar, riéndose con Antonio Banderas en el rodaje de La piel que habito Photo Jose Haro | TaschenLa piel que habito, último film de Pedro Almodovar - Reseña

Cine de auteur no es cine amateur

Los mismos críticos que siempre han estado a regañadientes con la taquilla por fin han logrado convencer al pueblo de la maestría de estos autores, pero demasiado tarde. Ahora es momento de detractarse y sincerarse porque si el apellido del director de Midnight in París no fuera el de Allen pasaría por cartelera como un pequeño divertimento en el que abundan personajes cliché, los gags fáciles y una falta de agudeza que pretende resguardarse tras grandes escritores de nuestra historia. No les quepa la menor duda de que el homenaje a Hemingway está bien como broma pero no como homenaje simplemente porque ni siquiera está a la altura de serlo. Todo queda en una mera y sobrevalorada “frikada” de carácter dómine recordándonos que igual de simples y más desacreditados son los chistes adolescentes de Kevin Smith y Judd Appatow sobre la subcultura del cómic, la música pop, el sexo o las series de televisión. Que el alter ego de Allen pase toda la película rodeado por mujeres bellas es otro de los sustentos de esta película que nos hace pensar en su indefectible búsqueda del glamour de un cine de industria, Willson no es un enamorado del pasado como nos quieren convencer sino un baboso indeciso. Las codiciadas sex symbol Carla Bruni, Rachel McAdams, Marion Cotillard y la joven modelo Léa Seydoux son la guinda bucólica de ese falso locus amoenus, Kathy Bates y Alison Pill son el contrapunto intelectual y, por consiguiente, humorístico. La bellezas nos entretienen, las menos guapas nos hacen reir.
Allen, con cuarenta y cuatro películas a cuestas, se ha vuelto perezoso y culpable de su propia bobería, amparándose en la cultura como quien se ampara en el peso de la ley.

Almodóvar presenta en Cannes 'La piel que habito' actores

Si Almodóvar presentara con un pseudónimo algunos de sus últimos trabajos, La mala educación, Los abrazos rotos o La Piel que habito, sería una perfecta ejemplificación del mal cine que habita en nuestro país.
Las nominaciones a los Goya de este año son, como siempre, un tema no para debatir sino para indignarse. La retroalimentación de la que se nutre este vampiro que es la industria española cinematográfica y que dejó paradójicamente seco al joven realizador Tinieblas González nos deja estupefactos. Dieciséis nominaciones Goya a la cinta menos merecida de Almodóvar dan una muestra evidente de lo que es una aplastante y desvergonzada campaña publicitaria en este negocio tan necio.
Su última chica almodóvar dice una gran verdad con esta frase que resume lo que pensamos de un autor que parece primerizo después de tamaña trayectoria.

“Les diría que se olviden también del autor, es una nueva película de Almodóvar…es la película número dieciocho pero podría ser la primera”
-Elena Anaya

Alcalá de Henares, 24 de Enero del 2012

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