Auge y caída de la pareja en 5 actos

Son innumerables las películas que sin tapujos han desnudado el alma del ser humano para llegar a comprender que todo es un eterno retorno, que todo lo que nace tiene que morir, que quizás no hay mayor tragedia o belleza que la que queramos percibir en todo ello, que la relación de una pareja se puede desentrañar en comunes actos o capítulos como si de una obra de teatro se tratara.

Auge y caída de la pareja en 5 actos

por Carlos Cristóbal

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La complejidad de las relaciones de pareja es un tema de lo más recurrente en cualquier tipo de arte. Y el cine no es menos. Ya en los comienzos del séptimo arte directores y productores descubrieron en el amor y el desamor uno de los conflictos argumentales que más interés (y dinero) podían crear. Desde F. W. Murnau, Erich von Stroheim y Charles Chaplin a Alfred Hitchcock, Billy Wilder, David Lean y John Houston, son muchos los que no han podido evitar proyectar sus preocupaciones sobre esta cuestión en la pantalla.Pero, por supuesto, los tiempos han cambiado. Los importantes cambios sociales que se han producido a lo largo del siglo XX han mutado y enrevesado aún más los idilios amorosos. Y ha sido en el último tercio de siglo cuando han comenzado a surgir una corriente (que nada tiene homogéneo ni similar) preocupada por el devenir del amor y por descifrar esta cuestión.

Son innumerables las películas que sin tapujos han desnudado el alma del ser humano para llegar, con tonos trágicos o cómicos, a similares conclusiones. A comprender que todo es un eterno retorno, que todo lo que nace tiene que morir, que quizás no hay mayor tragedia o belleza que la que queramos percibir en todo ello, que la relación de una pareja se puede desentrañar en comunes actos o capítulos como si de una obra de teatro se tratara. En 2004, el director francés Fracois Ozon dirigió la película 5×2 (5 veces 2), un apasionante retrato del desgaste de una pareja, Marion (Valeria Bruni-Tedeschi) y Gilles (Stephan Freiss), en cinco diversos momentos de su vida. Cinco episodios que coinciden en cierta manera con cinco importantes puntos de inflexión de su vínculo amoroso. Los actos se presentan en orden cronológico inverso: divorcio, diálogo sobre la fidelidad, nacimiento de un hijo, boda y primer encuentro. El orden de los factores no altera el producto, pero si logra impactar aún más sobre nuestras conciencias a través del antiguo efecto Kulechov, donde nos impresiona más lo que pensamos, a través de lo que sugieren las imágenes, que lo que vemos. Y es que 5×2 no es ninguna obra maravillosa, pero precisamente consigue motivar una profunda reflexión sobre estas cuestiones. La narración acierta en su exploración del amanecer y ocaso de esta pareja. Deliberadamente la película de Ozon presenta muchas sombras y plantea dudas y preguntas sobre las causas de diversos acontecimientos que suceden a lo largo de la relación de Marion y Gilles. Su método nos empuja a tratar de iluminar esas dudas y sombras. Búsqueda que nos lleva finalmente a cuestionarnos nuestras propias nociones sobre las relaciones de pareja, compartiendo o no los motivos por los que la obra llega a la sentencia ya comentada: por mucho que una pareja luche por seguir adelante, todo será inútil, la vida en común es precisamente lo que destruirá los sentimientos que les unen. A partir de la revisión de estos cinco momentos y puntos de inflexión (en el orden que nos plantea la obra) podemos rescatar toda una serie de grandes películas de las últimas décadas de índole similar: Punto 5. La separación de la pareja. Un momento marcado por los sentimientos encontrados. En la película de Ozon, Gilles y Marion parecen divorciarse de mutuo acuerdo y sin problemas, pero detrás de las apariencias pronto nos encontramos con rencor, nostalgia, rechazo, apatía… Esta etapa no puede dejar de recordarnos a Olvídate de mí (Eternal sunshine of the spotless mind, 2004, Michel Gondry y Charlie Kaufman). Joel (Jim Carrey) y Clementine (Kate Winslet) son una pareja que acaban de romper. El sufrimiento de Clementine impula a esta atolondrada a acudir a una excéntrica y novedosa empresa cuyo objetivo es eliminar por completo los malos recuerdos de sus pacientes, incluyendo todos los relacionados con una persona; en definitiva, se trata de una clínica para corazones rotos. Cuando Joel se entera de que ha sido borrado de la vida de Clementine, no dudará en embarcarse en el mismo camino eliminando de su memoria a su ex amante. El problema es que durante el proceso de eliminación de sus recuerdos, Joel vuelve a experimentar aquellos momentos que compartió con ella (ayer hermosos, hoy terribles) y progresivamente redescubre su pasión por aquellos recuerdos y por la propia Clementine. Es el dolor lo que mueve a ambos a la búsqueda del olvido, y es la propia posibilidad del olvido lo que revela un interés por la reconciliación. Un dolor más desmesurado y trágico es el que mueve a los personajes principales de París Texas (1984, Wim Wenders). La historia del cine nunca podrá olvidar a aquel Harry Dean Stanton recordando su turbulenta relación con Nastassja Kinski mientras atraviesa el desierto fronterizo entre Méjico y Tejas, como quien trata de atravesar el abismo, para enfrentarse a sus demonios cara a cara. Todos estos personajes atormentados huyen de un mismo dolor tras afrontar una dura ruptura. En la irregular película china Millennium Mambo (2001, Hou Hsiao-Hsien) se explora una dimensión distinta. Vicky es una joven es incapaz de abandonar a su novio Hao-hao, un tipo celoso que la vigila constantemente, controlando sus gastos, llamadas y mensajes del móvil e incluso su olor. Ella ya no puede soportarle, ni siquiera sabe si aún le quiere, por ello trata de huir después de sus abusos y maltratos psicológicos. Pero es débil y acaba volviendo con él cada vez que se lo pide. Aunque ha conocido a otro hombre que realmente la quiere y se preocupa por ella, Jack, Vicky tiene una extraña relación de dependencia a Hao-hao. No es capaz de superar todo aquello por lo que han pasado juntos. Es incapaz de olvidar. Vive supeditada a sus recuerdos. Muy anteriormente, el italiano Michelangelo Antonioni retrató en La noche (1961) a un matrimonio burgués, compuesto por Marcelo Mastroianni y Jean Moreau, que se encuentra en crisis, por mucho que traten de ignorar sus obvios problemas. El film explora cómo la utopía del amor es vencida por la apatía, aburrimiento, indiferencia, desamor, aislamiento, desencuentro, incomunicación y cansancio al que puede llegar una pareja, en este caso dentro de un grupo social acomodado e integrado por personas vacías, egoístas, confusas, superficiales, neuróticas y fracasadas sentimentalmente. Punto 4. El peso de las infidelidades. En 5×2, Gilles y Marion realizan una cena con una pareja de amigos-familiares donde conversan sobre la fidelidad. La trivialidad del tono de la conversación no evita que afloren sentimientos recriminatorios y anécdotas anteriormente desconocidas. ImageShack, share photos of 5x2 ozon, share pictures of 5x2 ozon, share video of 5x2 ozon, free image hosting, free video hosting, image hosting, video hosting. La infidelidad es un tema aún más recurrente en la actualidad. Y es que la transformación de la sociedad nos han proporcionado la liberación de dogmas como la religión, el estado o la familia, pero también liberó a ese animal instintivo (que forma parte del ser humano tanto como la razón) que doctrinas anteriores habían tratado (y a veces logrado) censurarnos. Los actuales cineastas dan cuenta de ello. Ya en 1970, François Truffaut nos contó en Domicilio conyugal, a través de su alter ego Antoine Duanel, la historia más básica de las infidelidades. La relación matrimonial de Antoine y Christine comienza a llegar a un punto de letargo del que Antoine intenta escapar iniciando otra aventura con una mujer oriental, sin comprender que el verdadero motivo de su huída radica en un espacio psicológico. En Closer (2004), Mike Nichols nos presenta otra historia sencilla, a ratos cómica, a otros, cruda. Dan (Jude Law) es un escritor fracasado que sale con Alice (Natalie Portman), una ex stripper. Dan, seductor trasnochado, trata de seducir a la fotógrafa Anna (Julia Roberts), la cual comienza una relación con Larry (Clive Owen). Y es aquí cuando comienza una historia de amor, pasión, sexo, desencanto y abandono que involucra a dos parejas al irse conociendo entre sí.

Una historia algo similar a la compleja situación de las parejas de Ya no somos dos (We don´t live here anymore, 2002, John Curran). La vieja amistad de dos profesores de universidad, Jack Linden (Mark Ruffalo) y Hank Evans (Peter Krause), y de sus esposas, Terry (Laura Dern) y Edith (Naomi Watts) respectivamente, entran en serios problemas cuando el cansancio y los problemas de ambas relaciones les conduce a extraños juegos de seducción que acaban en infidelidades entre ambas parejas. Pronto la mierda sale a flote y las emociones se disparan. Otro ejemplo similar es la comedia indie Duerme conmigo (1994, Rory Kelly), donde tres antiguos amigos, interpretados por Eric Stolz, Meg Tilly y Craigh Sheffer, complican su relación por culpa de los celos, la sinceridad de antiguos sentimientos amorosos y la amenaza de la ruptura conyugal. La amistad y la pasión erótica vuelven a enfrentarse en el ring. No delataremos quien vence el combate, pueden deducirlo. En XX/XY (2002, Austin Chick), unos jóvenes universitarios, Sam (Maya Stange), Thea (Kathleen Robertson) y Coles (Mark Ruffalo), se conocen en una fiesta, donde la atracción mutua es latente. Desde entonces se embarcarán en una compleja relación amistosa y sexual entre los tres. Años después las secuelas de aquella relación seguirán haciendo mella en Coles y en su relación estable con Claire (Petra Wright), al reencontrarse de nuevo con sus dos antiguas amigas y amantes.


La película catalana Nubes de verano (2004, Felipe Vega) presenta otra situación distinta. Un matrimonio, Ana (Natalia Millán) y Daniel (Roberto Enríquez), y su hijo van de vacaciones a un pueblo de la Costa Brava. Pero precisamente las únicas amistades que harán, Robert (David Silvas) y su prima (Irene Montalà), serán las que les complicarán las vacaciones al tratar de seducirles, respectivamente. De nuevo entramos en un juego de mentiras, dudas, celos y confianza en la propia pareja. Se consuma la infidelidad o no, las fantasías, los juegos y los celos pueden llevar a todo un infierno en la pareja. O al menos es lo que nos descubrió Stanley Kubrick en Eyes wide shut (1999). William Harford (Tom Cruise) es un médico feliz y respetable cuya estabilidad dará un vuelco cuando su preciosa mujer Alice (Nicole Kidman) le cuente de sus antiguas fantasías eróticas de huir con un joven qué conoció en un hotel. Esta confesión impulsa al confuso William a embarcarse en otra aventura de fantasías y traiciones cuya locura será superada por la oscuridad de las calles de New York. En Deseando amar (In the Mood for Love, 2000, Wong Kar-Wai), Chow (Tony Leung), con su esposa, y Li-zhen (Maggie Cheung), junto a su marido, se mudan a un edificio de Shanghai. Un día Li-zhen y Chow descubren que sus respectivos cónyuges los están traicionando. Desde entonces ambos comenzarán una extraña relación que pronto se convertirá en un mutuo deseo sexual. Pero esta posible aventura amorosa se encuentra marcada por la duda; su relación amorosa sería moralmente similar a la de sus infieles cónyuges. Llegar a la infidelidad es lo que parece realmente complicado en esta historia. La moral es el obstáculo de su deseo. En el film francés El declive del imperio americano (1986, Denys Arcand), se muestra una velada entre un grupo de amigos intelectuales y liberales donde charlan divertidamente, las mujeres por un lado y los hombres por otro, de sus amantes, fantasías, frustraciones, e infidelidades poco antes de que todos ellos se reúnan en una misma casa a continuar con la tertulia y los festejos despreocupadamente. La infidelidad se convierte aquí en algo liviano y natural, pese a los terrores que pueda despertar. También en múltiples películas de Woody Allen podemos encontrar repetido una y otra vez la misma temática con semejanzas a las películas comentadas: Maridos y mujeres (1992), Vicky Cristina Barcelona (2008, Delitos y faltas (1989, Match Point (2005)… Pero no profundicemos en ello, los juegos y traiciones se repiten de nuevo. Punto 3. Dolor y decepción entre ambos. El mayor punto de inflexión, poniendo un marcador entre aquel tiempo en que confiaban entre sí y aquel que vendrá después sin confianza mutua. Cuando la vida en pareja se convierte en una soledad compartida. En el caso que nos ocupa, Marion se encuentra a punto de tener un hijo, pero su marido Gilles no va al hospital, sino que se encuentra recluido en sus propios miedos y dudas, quizás sobre su relación y la idea de formar una familia. ¿Quién sabe? Se trata de un momento muy concreto, ambiguo, confuso y demasiado complejo. Quizás se trate de un momento semejante al que creen encontrarse los protagonistas de Lost in translation (2003, Sofia Coppola). Bob Harris (Bill Murray), un reconocido actor norteamericano aburrido de su trabajo y en plena crisis matrimonial, y Charlotte (Scarlett Johansson), una joven confusa por el desarrollo de sus primeros años de matrimonio con su marido fotógrafo, se conocen en el bar de un hotel de Tokio. La confusión que les produce encontrarse en un mundo tan diferente del suyo y el propio vacío de sus vidas promueve entre Bob y Charlotte una hermosa y singular amistad. En diversas películas esta separación sentimental tan drástica se produce no ante la responsabilidad de educar a una nueva persona, sino ante la pérdida trágica de un hijo. Como les sucede al matrimonio de Una mujer difícil (The Door in the floor, 2004, Tod Williams), interpretados por Jeff Bridges y Kim Basinger, y a los cónyuges de Gente corriente (1980, Robert Redford), donde Donald Sutherland y Mary Tyler Moore tienen que afrontar no solo el dolor de la muerte de su hijo sino los intentos de suicidio de su otro hijo, Timothy Hutton. O cómo les sucede a la pareja, formada por Maggie (Elizabeth Taylor) y Brick (Paul Newman), de La gata sobre el tejado de Zinc (1958, Richard Brooks), tras la muerte del mejor amigo de Brick. Todas estas parejas se encontrarán poseídas por el resentimiento y la desconfianza por su diferente manera de afrontar (o no superar) el dolor. Punto 2. La inmortalización de la unión, en este caso, una boda. La absoluta esperanza en la relación, en que la pareja permanecerá junta hasta la muerte. El enlace nupcial es un tema tratado comúnmente en comedias románticas de resultados desiguales, donde se pueden rescatar clásicos divertidos e inteligentes como 4 bodas y un funeral (Mike Newell), El padre de la novia (Charles Shyer) o El banquete de boda (Ang Lee) e incluso otros más irregulares e insustanciales como La boda de mi mejor amigo (P. I. Hogan) o Mi gran boda griega (Joel Zwick). Por contra, Noah Baumbach aprovechó la preparación de las nupcias en Margot y la boda (2007) para estudiar la complejidad de las necesidades psicológicas por los que las personas acceden al compromiso y la promesa conyugal. La salvaje escritora Margot Zeller (Nicole Kidman) decide presentarse por sorpresa a la boda de su hermana Pauline (Jennifer Jason Leigh), a la que no ha visto desde muchos años atrás. Al conocer al prometido de su hermana, Malcolm (Jack Black), comenzarán sus dudas acerca de su unión y las primeras complicaciones dentro de la pareja. Una decisión que parecía evidente y clara, se convierte en un en una dura resolución de consecuencias trascendentales. Punto 1. El primer encuentro, el comienzo en potencia. La primera toma de contacto entre dos personas, cuando aparece el interés por conocerse, cuando uno se replantea lo que tiene, lo compara con lo que desea y toma la decisión del cambio (rechazo lo que tengo, tomo lo que deseo; cuando algo muere, comienza otra cosa). El momento en que empieza el juego, el riesgo y la apuesta de la relación de pareja. El final (o comienzo) de 5×2, nos muestra un hermoso amanecer, el comienzo de una historia de amor que resulta dramáticamente imposible observarse con esperanza. Conocer cómo terminará toda esa ilusión nos abruma y nos hace reconocer que, por cercanía, la tragedia amorosa resulta más temible que cualquier psicópata de thriller de madrugada.

Con respecto a esta cuestión, el cine actual apunta a cuestionar las complicaciones de conocer a alguien y comenzar un verdadero romance en un mundo asediado por la postmodernidad. La ciudad se convierte en un símbolo de alienación, frialdad y soledad para los protagonistas de estos romances. Todos ellos se observan como insignificantes seres entre éste nido de hormigas que habita el mundo y sus problemas de comunicación complican su interés por penetrar en el alma de otra persona, de una entre tantos millones. Igualmente la mayoría de sus personajes se encuentran marcados por el fracaso de sus relaciones anteriores y son conscientes de ese ciclo al que se verá forzado todas sus historias de amor. Frankie y Johnny (1991, Garry Marshall) es un buen ejemplo de ello. Johnny (Al Paccino) es un ex recluso que ha descubierto su vocación de cocinero. En la cafetería donde trabaja, conoce y se interesa por Frankie (Michelle Pfeiffer), una bella camarera que intenta mantenerle a distancia, debido a una relación sentimental traumática que le hace desconfiar de los hombres.

Esta película recuerda a Cosas que hacen que la vida valga la pena (2004, Manuel Gómez Pereira). Hortensia (Ana Belén) es una funcionaria del INEM que, tras haber sido abandonada por su marido por una joven, ha perdido la esperanza de volver a experimentar el amor. Un día llega a la oficina de empleo un parado (Eduard Fernández) que, tras haber superado una profunda depresión, ha decidido encontrar una manera de cambiar su vida. Cosas que nunca te dije (1996, Isabel Coixet) nos relata la historia de Ann (Lily Taylor), una dependienta de una tienda de fotografía que se trasladado a una ciudad que desconoce para estar más cerca de su novio Bob. Cuando Bob acaba con la relación, Ann cae una depresión que le acerca al suicidio. Solo encontrará apoyo gracias a un teléfono de ayuda donde trabaja como voluntario Don (Andrew McCarthy).

Esquema también similar a Tú, yo y todos los demás (2005, Miranda July). Christine Jesperson (la propia Miranda July) es una artista solitaria que utiliza sus fantasías artísticas para sentirse más cerca de sus objetos de deseo. Richard Swersey (John Hawkes), recién separado y padre de dos niños, parece estar preparado para una nueva relación. Pero cuando conoce a Christine ambos comprenden que las cosas no son tan sencillas. A su vez, los hijos de Richard también mantienen extrañas y peligrosas relaciones con otras mujeres. Todos ellos buscan compañía por caminos atormentados siguiendo sus ocultos impulsos y finalmente encuentran alivio en los breves momentos en que consiguen conectar con alguien en la tierra.

Los personajes de Wong Kar-Wai en Chuncking Express (1994) también tienen evidentes complicaciones para relacionarse con los demás y, sobre todo, para lanzarse a la aventura de amar. Dos historias de amor que se desarrollan en un barrio turístico de Hong Kong; una describe el fugaz encuentro entre un agente de policía en plena crisis amorosa y una misteriosa traficante de drogas; la otra se centra en el singular romance entre otro solitario policía y la joven camarera del bar donde él suele comer.

Antes del amanecer (1995, Richard Linklater) nos muestra a un chico americano (Ethan Hawke) que conoce a una chica europea (Julie Delpy) en un tren de viaje internacional. Allí tienen una breve conversación en la que conectan rápidamente. Como él debe regresar a los Estados Unidos al día siguiente y ante la duda de qué hubiera pasado si tuvieran más tiempo para conocerse, ambos tienen una disparatada idea: pasar una romántica tarde y noche por Viena, hablando de la vida y de ese futuro que seguramente no compartirán. Una romántica velada antes de que el amanecer les separe y les devuelva a sus cotidianas vidas.

Con evidente influencia de la anterior, Buscando un beso a medianoche (2007, Alex Holdridge) nos habla de Wilson (Scoot McNairy), un joven de 29 años que ha llegado a la ciudad de Los Ángeles con la intención de olvidar sus desgracias anteriores. Ante su soledad, su amigo Jacob le recomienda publicar un anuncio por internet para conocer a alguna chica. Pronto conocerá a Vivian (Sara Simonds), una complicada mujer con la que compartirá las últimas horas del año.

La historia de Tomás está enamorado (2000, Pierre-Paul Renders) lleva la cuestión de la alienación al extremo. Tomás sufre de agorafobia y que evita tener cualquier contacto con otra persona, por ello vive totalmente aislado en su apartamento. La historia se desarrolla en un futuro cercano, en el que Tomás puede desarrollar toda su vida a través de un ordenador. A pesar de que su vida parece estar completa, siente cierta nostalgia por el contacto humano. Por ello, y siguiendo los consejos de su analista, decide conocer a una mujer por medio de un servicio on-line. La ciencia del sueño (2006, Michel Gondry) también nos habla de un problema similar al de Tomás. El tímido e introvertido Stephane (Gael García Bernal) se encuentra cautivo de sus propios sueños, peleando por despertarse y tomar el control de su propia imaginación. Stephane conoce a su vecina Stephanie (Charlotte Gainsbourg) y ambos experimentarán interés el uno por el otro. Pero aquí el mayor problema que les separa es la imaginación de Stephane, fruto de su decepción con la realidad.

Las tragedias amorosas propician el endurecimiento de algunos personajes. Esto les convence por comenzar sórdidas historias puramente sexuales, y no amorosas. Último tango en París (1972, Bernardo Bertolucci) es el mejor ejemplo. Una mañana de invierno un atormentado hombre (Marlon Brando) y una indecisa muchacha (María Schneider) se encuentran casualmente mientras visitan un piso de alquiler en París. La pasión se apodera de ellos y hacen el amor violentamente en el piso vacío. Cuando abandonan el edificio establecen el pacto de volver a encontrarse allí, en soledad, sin preguntarse sus nombres. Una historia que en cierta medida se repite en Intimidad (2001, Patrice Chéreau): una pareja de desconocidos mantiene encuentros furtivos de carácter puramente sexual. Apenas hablan ni se hacen preguntas, ninguno sabe nada del otro. Lo más interesante es que en ambas películas el conflicto surge precisamente cuando afloran sentimientos más allá de su relación erótica. El chico conoce a chica tiene similar complicación (y aún mayor si atendemos a las restricciones sociales que en cierta manera siguen vigentes) en las relaciones homosexuales. En Fucking Amal (1998, Lukas Moodysson), Agnes y Elin, alumnas de secundaria del aburrido pueblo de Amal, sienten mutuo interés. Elin (Alexandra Dahlström) es extrovertida y ha estado con innumerables chicos, mientras que Agnes (Rebecka Lijeberg), es tímida y no ha conseguido hacer amigos desde que se mudó al pueblo. Sus diferentes vidas dificultarán su acercamiento. Si trasladamos este conflicto a Tejas en los años 60, nos encontramos con una situación no tan diferente en Brokeback Mountain (2005, Ang Lee), la dramática historia de dos vaqueros, interpretados por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, que ocultan su amor a lo largo de toda su vida debido las prohibiciones sociales de la época.

Existen muchas más películas para ver (o nunca ver) con tu pareja que cabría señalar. Pero nos contentaremos con comentar unas pocas más que contengan un análisis estructural sobre la pareja a la manera de 5×2. En 1973, Ingmar Bergman nos regaló otra interesante introspección titulada Secretos de un matrimonio. Se trata de una exposición contundente de la evolución de un matrimonio a lo largo de toda su vida. La relación de Johan (Erland Josephson), profesor de psicología, y Marianne (Liv Ullmann), abogada, pasará por pasión, rutina, infidelidad, ruptura, redención, reencuentro y constantes reflexiones sobre los largos años que han pasado juntos y su destino.

Algo semejante sucede en la comedia 500 días juntos ((500) Days of Summer, 2009, Marc Webb). Pero en este caso, la breve historia de amor de Tom (Joseph Gordon-Lewit) y Summer (Zooey Deschanel) es relatada desordenadamente. Unos días antes, otros atrás; en un momento se están conociendo, al siguiente han roto; lo que en un instante es una comedia, al siguiente es tragedia. Un análisis con mayor distancia que nos hace relativizar los sentimientos y evolución del vínculo de ambos personajes.


En Annie Hall (1977, Woody Allen) se nos relata la evolución de la pareja a partir de la narración, directa al público, de su protagonista, Alvy Singer (Woody Allen), un tipo algo neurótico (como todo alter ego de Allen) que trabaja como humorista en clubs nocturnos. Cuando Avy rompe con Annie (Diane Keaton), su última novia, no puede evitar reflexionar sobre su vida y amoríos, pero especialmente examina su relación con Annie, rememorando cada uno de sus momentos juntos.

El último beso (2001, Gabriele Muccino) enfoca su mirada en un grupo de amigos y familiares que personifican en cierta medida los anteriores puntos de inflexión aclarados: una pareja que llega al altar, otra que se encuentra coqueteando con la infidelidad, una más en una gran crisis camino del desastre, otra que no se atreve a romper… parece haber muerto tiempo atrás pero queno y una última destrozada muchos años atrás tratando de superar el mal trago). El último beso cuenta las historias de ocho personajes principales que entrecruzan sus vidas en una sucesión paralela de pasiones. Tienen distintas edades: Francesca tiene dieciocho años y a lo largo de la película se enamora de Carlo que, como sus amigos Adriano, Paolo, Alberto y Marco, tiene treinta años y que a su vez está a punto de casarse con Giulia, de veintisiete años, romántica e idealista. Anna, la madre de Giulia, con cincuenta años y veintinueve de matrimonio a la espalda, tiene miedo de envejecer y de resignarse al hecho de que su juventud se ha acabado, para siempre.
Una vez más, en Manuale D’amore (2005, Giovanni Verones) se nos muestra en clave de comedia cuatro historias de enamorados diferentes que escenifican cuatro fases de cualquier, aparentemente, historia de amor: el enamoramiento, la crisis, la infidelidad y la separación.

Parece que todos lo tuvieran claro. Parece que, sin más, la pareja se encontrara sentenciada al desastre. Parece que simplemente es algo que, para bien y para mal, forma parte de la vida. La tragedia está servida. Pero quién sabe, quizás debamos darle tiempo a nuestra propia historia para experimentar y crear nuestras propias máximas.

Madrid, 25 de febrero de 2011

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