007: OPERACIÓN SKYFALL Viejas historias contadas como nuevas y con envoltorios de verosimilitud    por Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar)

Edición gráfica por Alicia Victoria Palacios Thomas

Photo “Es una película de entretenimiento evasivo. Quiero decir que te gustará si te gusta esa clase de cine”. Así se expresaba Roger Moore cuando le preguntaron en una fiesta de su productora de cine sobre su nueva película sobre el espía al servicio de Su Majestad británica 007, James Bond. Era la década de 1970, pero estamos en 2012 y ya ha habido veintiséis películas de este personaje. Sí, contando la que acaban de estrenar son veintiséis películas. La cosa es que David Niven, Woody Allen y Peter Sellers habían rodado un Casino Royale en 1967 (dirigida por John Huston, Kenneth Hughes, Val Guest, Robert Parrish y Joseph McGrath) la cual es reconocida dentro de la saga por los seguidores, pero no es oficial en cuanto la productora no es la misma. Pero es que además, fuera de las reconocidas oficialmente Sean Connery también había rodado en 1983 Nunca digas nunca jamás (Irvin Kershner, 1983), y en 1954, ¡oh, sorpresa para muchos!, el actor Barry Nelson había sido el primer James Bond en lo que hoy día se conserva como una película pero en su día era un capítulo piloto de la serie televisiva de misterio Climax!, la suya también fue Casino Royale.

CLIMAX! 1954 Barry Nelson y Peter Lorre

Ian Fleming

Así que esa película veintitrés con la que se ha anunciado 007: Operación Skyfall (Sam Mendes, 2012), no es tal, sino la veintiséis. James Bond tampoco cumple cincuenta años, el personaje de ficción comenzó a nacer sobre papel en 1952 de la mano del escritor Ian Fleming, que había sido un espía de la Marina británica en el MI6 durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Es verdad que desde la primera película de cine, 007 contra el doctor No (Dr. No, Terence Young, 1962), a la actual ha pasado medio siglo, pero es relativo, pues tenemos ese Casino Royale citado de 1954. Ni siquiera podríamos citar un aniversario de Fleming, él ya cumplió cien años en 2008, cuando Daniel Craig interpretó 007: Quantum of Solace (Marc Forster). Tenemos, pues, una impostura que funciona bien en su publicidad. Pocos se cuestionan la realidad y llegan a estas cuestiones, es como si el servicio del MI7 hubiera estado trabajando en esto.

Daniel Craig, Quantum of Solace Marc Forster 2008

¿MI7? ¿MI6? ¡Centrémonos! En varias historias de 007 se dice que se trabaja para el MI7, salvo por ejemplo en la última entrega, que se cita el MI6. El MI7 era el servicio de propaganda y censura del ejército británico nacido durante la I Guerra Mundial, en 1915. Sería raro incluir a James Bond en él, pero Fleming lo hizo, o sus cineastas, hasta cierto punto. Con el paso del tiempo el MI7 desapareció, pero siguió la confusión gracias a estos y otros relatos de ficción de espionaje de otros personajes, algunos basados precisamente en 007. Realmente el señor Bond trabajaría en el MI6, como se corrige el error en algunas historias, que sería el departamento militar británico nacido en 1909 dedicado a todas estas cuestiones de espionaje y guerra encubierta. Claro que hay unos cuantos millones de personas en el planeta que creen que el MI7 nunca desapareció y que se dedica en la actualidad a la contrainformación y a manejar la opinión pública con campañas muy bien planeadas de desinformación o de orientación de la opinión y pensamientos de las personas. Ian Fleming fue espía, así que debía conocer bien las diferencias entre uno y otro departamento, ¿por qué jugaría a la confusión? Incluso parece querer desinformarnos el autor en el origen del nombre del personaje. Ian Fleming dijo que James Bond era un apacible ornitólogo de la vida real que él conoció. Quizá le gustó aquello de ocultar datos desde que su pasado de espía se cruzó con el ocultista y brujo Aleister Crowley, ya que su hermano, Peter Fleming, le contradijo en sus memorias.

Aleister Crowley y Peter Fleming

Peter Fleming era otro espía de la II Guerra Mundial que se dedicó durante la contienda principalmente a adiestrar en la clandestinidad europea a resistentes contrarios a nazis y fascistas y a organizar guerrillas en el norte de África, en Italia y en Yugoslavia. Fue precisamente en el este de Europa que cayó preso del ejército alemán. Fue liberado por otro agente secreto de misiones especiales, el cual se le identificó al liberarle como James Bond. Según Peter Fleming, fue él quien le dijo a su hermano este dato años después y quien le sugirió que el protagonista de la novela que estaba escribiendo en aquel 1952 se llamara James Bond en homenaje a aquel hombre.

Aquella novela era, mira tú por dónde, Casino Royale –que no sólo se rodó dos veces, como ya se ha dicho, sino tres–, la primera aparición de Daniel Craig interpretando a Bond en la película que Martin Campbell rodó en 2006.

Casino Royale de Ian Fleming. Edición de 1953.

La verdad, es que se echa de menos en las nuevas entregas que los títulos de la saga se traduzcan al español y dejen el inglés para otras ocasiones. Títulos como 007 Contra el Doctor No, Desde Rusia con Amor o Panorama para Matar tenían su encanto, sin embargo, no termina de decirnos mucho títulos de películas que bien se podrían haber llamado Casino Real, Un Poco de Consuelo y Cielo Desplomado, o bien Ocaso. Los títulos entonces nos contarían algo de la película, del mismo modo que se lo cuenta a los angloparlantes, ni sólo serían unos sonidos más o menos bien acompasados. Claro que en el caso de 007: Operación Ocaso, también conocida como Operación Skyfall, el argumento entero del metraje está explicado en él. Así que toda esta explicación sobre el espionaje de la vida real era más bien una conversación con el lector sobre la película. Si hablásemos de verdad del argumento de modo directo le romperíamos al espectador futuro toda posibilidad de sorpresa ante lo que va a ver. Mejor ir a ciegas… como los personajes. Porque de eso va la trama, de la ceguera informativa.

Todo en este James Bond (Jaime Deber) es nuevo, pero a la vez es viejo. Son lugares conocidos. Si cogiéramos las tres películas interpretadas por Craig nos daríamos cuenta de varias cosas. Primero, que las tres películas se autocompletan en torno al personaje desde el interior de Bond hacia su mundo circundante. Parece pedante decirlo, pero quien vea las tres películas en un periodo de tiempo breve se dará cuenta de que forman una unidad que narran una sola historia, envuelta en tres relatos diferentes, en la que narra cómo se forma un James Bond, pero también de quién es James Bond. James Bond no ha habido uno, aunque todos los directores de cine apuntan a uno sólo, algo paradójico y difícil de entender para los seguidores acérrimos del personaje. James Bond, como su jefe M, su enlace Q, la secretaria Miss Mony-Penny, son diferentes personas con unos mismos nombres clave del servicio secreto británico. A lo largo de la saga, a menudo hay bromas precisamente con los 007 (personajes) pasados a través de sus objetos personales conservados en el MI6 (los coches, las armas secretas, los trajes…). Hay que recordar una muy comentada jubilación del primer Q en las películas de la década de 1990 como ejemplo de todo esto. La fortuna del experimento que se ha hecho con Daniel Craig es cómo se crea un James Bond desde el servicio secreto, y en ese juego, a la vez, llegó Sam Mendes y mareó la perdiz haciendo una referencia a cierto comentario que se hizo en 007 Al Servicio Secreto de su Majestad (On Her Majesty’s Secret Service, Meter Hunt, 1969, interpretado por George Lazenby). Y hasta aquí puedo contar respecto a este asunto, no sea que por esta razón me elimine el servicio secreto.

Escenas de Casino Royale, Martin Campbell 2006

Con Craig se ha acercado el personaje 007 a esa temática argumental de la década 2000, donde viejas historias son contadas de nuevo intentando explicar el mundo interior y el origen más íntimo en los sufrimientos de los héroes ya conocidos, como se hizo con el Batman de Christopher Nolan, por ejemplo, todo envuelto en una violencia menos imaginativa y más violenta, como se ha hecho en casi todas las producciones cinematográficas desde 2001; como si las grandes productoras de cine estuvieran intentando avisarnos o prepararnos para una gran espiral de violencia. Miedo da revisar los nuevos cuentos de Alicia en el País de las Maravillas, Hansel y Gretell o Caperucita Roja, tan llenos de armas, violencia y guerra.

Viejas historias contadas como nuevas y con envoltorios de verosimilitud, aunque Mendes, en al menos dos secuencias del metraje, ha olvidado esa verosimilitud que le habían dejado en bandeja Campbell y Forster anteriormente. Sin embargo su Bond funciona. También ha olvidado que Bond es un espía que investiga, y en esta entrega el nuevo Bond investiga, pero parece más un guardaespaldas.

Escenas de Skyfall, Sam Mendes 2012

Quizá Mendes, aunque haya hecho un muy buen trabajo, debiera recibir un tirón de orejas, porque tampoco es bonito hacer referencias visuales y argumentales a todos los Bond anteriores y a la vez criticarlos y mostrar escenas ya vistas en estos cincuenta años de un modo actualizado y creíble. Los seguidores de Bond adoramos el nuevo Bond, pero no por ello vamos a escupir sobre el viejo Bond. Si nos gusta el personaje, sea con Nelson, Connery, Moore, Lazenby, Niven, Dalton, Brosnan o Craig, nos gusta por algo, no vamos ahora a hablar mal de lo hecho anteriormente por capricho de un director que parece querer que se diga que su Bond es el único humano. De hecho, 007 contra el doctor No sigue siendo un metraje muy insuperable. Se rodó intentando buscar tanta verosimilitud que incluso se consultó a técnicos de energía nuclear militar para montar el escenario final. Algunas partes no se pusieron por censura de la Defensa Norteamericana –era la Guerra Fría– pero el escenario, aunque nos parezca ingenuo hoy día, era, según confirman productores de cine y militares de la época, muy fiel a la realidad, pese a la ausencia de algunos trozos de maquinaria. Incluso hay un personaje real en ese metraje, el comandante Boothroyd Geoffrey, el cual era amigo de Fleming desde sus tiempos de servicio en el MI6 juntos. Ian le mandó su primera novela de Bond para que la revisara y fue éste quien le aconsejó cambios, como que Bond, si era un espía especializado en la eliminación de objetivos en territorio hostil –es decir, en asesinatos–, no podía usar una pistola Beretta, sino una más pesada y letal, una Walter PPK; detalle que sale tanto en el metraje de 1962 como en el de 2012.

007 contra el doctor No. Boothroyd Geoffrey y Ian Fleming.

Craig interpreta el mejor Bond desde Connery, y Connery sigue una estela de interpretación no muy diferente a la que hizo Nelson para la televisión en 1954. Connery es la mejor referencia de Craig, aunque ignoro que opinará el viejo Connery de los nuevos Bond. Nelson, Lazenby, Niven y Dalton no tuvieron mucha suerte en su valoración por los espectadores. Moore fue querido por su constancia, pero tampoco le fue reconocido mucho valor. Brosnan era el mejor valorado desde Connery hasta Craig. Y de todo esto, quizá en parte, la culpa no es tanto de algunos de los actores como de algunos guionistas, algunos directores y de la mala suerte (en el caso de Nelson, Lazenby y Moore) de convivir a la par con Connery, que no dejó de ser Bond definitivamente hasta 1983, pese darle dos treguas y oportunidades a los otros actores.

Bonds

Roald Dahl

Cuando se acabó el primer 007 Contra el doctor No se creía que se había rodado una película de acción más, pero el equipo productor se rió con algunas de las partes más de lo esperado. Habían creado una película de espías desenfadada y llena de ironías que fue a la vez lo que funcionó ante el público. Quizá por eso, cuando llegó Moore ficharon al escritor Roald Dahl como guionista. Pero es precisamente esa ironía mezclada con seriedad lo que le terminaba de faltar al Bond de Craig. Mendes se la concedió de manera no tan simpática, sino para intentar describir al personaje como alguien que pretende defender sus deficiencias sociales con humor. Son dos formas de ironía muy diferentes.

La cuestión es que lo viejo y lo nuevo, la continuidad, aquello de que aquel que fuimos va dejando de ser pero no de desaparecer, sino que se perpetúa con más sabiduría de cosas aprendidas, es también parte de un argumento que pretende devolvernos –y lo digo muy en serio– al primer Bond de Connery. Sam Mendes ha querido hacer ese regalo al espectador, y por eso su metraje es gradual, de fotografía, música y diálogos que paulatinamente, a través de las imágenes rodadas en IMAX, van evolucionando poco a poco del histrionismo inverosímil de la acción que habíamos visto ejemplarizada en el Bond del Brosnan, de final de los 1990 y principios de los 2000, a una verosimilitud cercana al mundo real del 2012 (con su crisis política y económica incluida); del Bond de Craig renaciendo en Connery. ¿Raro de entender? No lo niego, pero hay que verlo para comprenderlo. También inquieta que en la película se plantee de fondo, sin mencionarlo nunca de modo directo, que el mundo de las libertades y la democracia podría peligrar en la actual crisis con el cambio de mentalidad social y política, los poderes encubiertos y las nuevas tecnologías. El actor español Javier Bardem se ha anunciado como el malo de esta entrega, pero tiene buenas razones para serlo, lo que tampoco es justificativo. Los buenos observadores apreciarán que en esta película hay algo que se nos mostraba ya en la anterior: el villano no es malo más que con el permiso de una organización encubierta perversa y secreta que no se nos termina de mostrar, aunque no para de amenazarnos. Y siempre vuelve… como Spectra.

Bond y Silva, Skyfall Sam Mendes 2012.

Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar) autor de 
http://www.espiadelbar.blogspot.com Noticias de un Espía en el Bar

Alcalá de Henares, 8 de noviembre de 2012.





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